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La arquitectura morisca del Centro Gusman de Artes Escenicas ya merece en sí misma una visita, con su cielo simulado, nubes e incluso estrellas brillantes. Después de unos años dedicado al cine mudo, pronto llegaría el cine sonoro y los Vaudevilles a su escenario por lo que, durante cuarenta años fue el principal centro de entretenimiento artístico de Miami.
A lo largo de su historia, el Teatro Olympia ha sido anfitrión de los artistas más interesantes del mundo en las artes y el espectáculo. Iconos culturales como Elvis Presley, BB King, Luciano Pavarotti y Etta James han proporcionado veladas inolvidables bajo las estrellas del Gusman. El teatro también ha recibido a día de hoy a las estrellas más brillantes del pop internacional y es uno de los lugares favoritos de la MTV para la retransmisión de sus conciertos.
Tras varios años de abandono, fue en 1975 cuando el magnate de los negocios Maurice Gusman donó el Teatro Olympia a la ciudad de Miami. El complejo fue rebautizado como Centro Gusman de Artes Escenicas de Miami en su honor. El famoso arquitecto Morris Lapidus hizo una amplia y detallada restauración del edificio, lo que le valió que fuese incluido en el Registro Nacional de Lugares Históricos en 1984.
En los años 90 el edificio necesitó volver a ser restaurado, esta vez el arquitecto sería Richard J. Heisenbottle contratado para desarrollar un ambicioso plan plurianual. Es decir, para minimizar las pérdidas económicas del teatro, el equipo de restauración trabajaba sólo durante los meses de verano y el resto del año se planificaban las siguientes reparaciones y se conseguían los fondos necesarios.
El diseño original del teatro es obra del arquitecto John Eberson, quien imaginó la peculiar atmósfera del Gusman. Actualmente es uno de los pocos teatros Eberson de todo el mundo que sigue en pie. La restauración del diseño de Eberson, incluyendo colores originales y acabados, fue otra de las prioridades del plan de renovación. Tras un análisis detallado, pintores especializados han restaurado el original esquema de pintura de las yeserías decorativas de todo el teatro. Incluso la moqueta nueva se ha hecho coincidir con al original de 1926. Hoy en día, el Gusman sigue siendo una de las sedes culturales de Miami más queridas y ha sabido mantener su originalidad dentro de una ciudad en constante transformación.
