Coney Island

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Coney Island

La playa de Coney Island, con sus malecones de madera y al fondo el antiguo parque de atracciones de Astroland no deja indiferente a nadie. Tras décadas de decadencia, este sorprendente rincón de Brooklyn hoy parece renacer, pero no por ello es menos pintoresca la visita. La playa contigua de Brighton Beach, barrio conocido como la Pequeña Odessa, hace creer que se está, sin lugar a dudas, en Rusia.

Playas NuevayorkConey Island se encuentra a escasos cuarenta y cinco minutos del centro de Manhattan y no es precisamente una de las mejores playas de Nueva York. Debido a su cercanía con la ciudad se encuentra muy masificada, pero merece la pena ir a visitarla para explorar ese mundo tan particular que la envuelve.

El origen de su popularidad está en el balneario creado a fines del siglo XIX, en una punta de Brooklyn, para la gente de la ciudad que quería escapar del calor. Ya en las primeras décadas del siglo XX, más de un millón de personas poblaba sus playas. Tanto fue así que debieron instalarse dos turnos: el diurno, normal, y uno por la noche con la playa iluminada artificialmente, y que recibía el nombre de Baños eléctricos.

Después se empezó a buscar entretenimientos alternativos al mar y se construyó una serie de parques de diversiones en la costa, como Astroland, pioneros en los Estados Unidos, y freak shows o exhibiciones de gente rara, antes de que fuesen políticamente incorrectos. Había desde una ciudad íntegramente habitada por enanos, Liliputia, hecha a medida para su altura, hasta una visión de lo que sería una ciudad en la Luna, el Luna Park original. Los canales de Venecia; un hipódromo de caballos mecánicos y varias visiones del Apocalipsis y del infierno de Dante en los que la gente podía participar y horrorizarse. Era un anticipo de lo que Manhattan, Las Vegas y Disneylandia traerían décadas después, pero en una versión más primitiva.

Luego llegó la decadencia: y una serie de huracanes terminó de destruir las maravillosas construcciones que quedaban y que aún son de estudio obligatorio para los arquitectos de todo el mundo. A mediados de los años setenta su aspecto era tan deprimente que era el sitio usual donde se filmaban las películas sobre el día después de un ataque nuclear.

Sin embargo, hoy se habla de un renacimiento de este histórico lugar. Una inversión de casi cuarenta millones de dólares en un estadio de fútbol americano para el equipo local, los Ciclones, sirvió de catalizador. Y el crimen, que bajó en un 70 por ciento en la última década, cayó un 10 por ciento más en el último año. Eso no quiere decir que Coney Island haya perdido la personalidad alternativa que la convirtió en el punto de Nueva York al que más canciones le han sido dedicadas. Después de todo algunas de sus atracciones características han logrado sobrevivirlo todo en los últimos cien años.

El Museo de Coney Island está lleno de reliquias de aquellos parques de diversiones. Y para adentrarse aún más en la historia de la zona, el Capitán Bob realiza visitas guiadas los fines de semana de todo el año. También en Coney Island se encuentra el Acuario de Nueva York, y durante el verano hay fuegos artificiales en la playa todos los viernes por la noche.

Para comer, la tradición lleva a la pizzería Totonno o al restaurante de perritos calientes Nathan´s. Este establecimiento, abierto en Coney Island en 1916, se convirtió en un emblema para todo el país gracias a su concurso anual de comida de perritos calientes, cada 4 de julio. El record está en 66 perritos para hombres y 39 para mujeres.

La playa de Coney Island en Nueva York , si se puede, conviene visitarla en día de diario, los fines de semana no cabe ni un alma y puede resultar ciertamente agobiante. En cambio, en invierno la zona aparece desierta, salvo por los pescadores, pero igualmente merece la pena pasear por su malecón y ver los edificios de la zona. El viaje en subway es muy interesante, pues la mayor parte del trayecto es en superficie y se puede el paisaje de casitas, y el aspecto destartalado que tiene todo una vez se sale de la city.

Brighton Beach, la Pequeña Odessa

Caminando por el paseo marítimo de Coney Island y dejando atrás Astroland y el Aquarium se llega a Brighton Beach, una playa menos concurrida pero contigua a la anterior. El barrio que lleva su nombre está lleno de inmigrantes rusos y ukranianos así que todo está escrito en cirílico, incluidos los periódicos locales. Hay muchísimas tiendas y restaurantes de comida rusa. Fue en la década de los 70 cuando llegaron las primeras oleadas de inmigrantes provenientes de Rusia quienes revitalizaron esta zona decadente de Blooklyn, dandole vida, color y una raíz cultural propia del Volga. Más de ciento cincuenta mil inmigrantes soviéticos viven en este barrio neoyorkino conocido como la Pequeña Odessa.

El lugar cuenta con el atractivo de haber mantenido los viejos hoteles victorianos, vestigios de una época de esplendor. La playa extensa y de arenas blancas, se llena de sillas playeras apenas asoma la brisa primaveral por Nueva York , pues los rusos no temen al viento ni al frío americano.

Si después de la playa se quiere comer, hay que darse una vuelta por algunos de los pequeños restaurantes rusos atendidos por sus propios dueños. Si se prefiere un sitio más grande y más económico, es mejor pasar por el M&I Internacional Foods, y allí comer pletzeles, que son unos panecitos delgados de cebolla, que se pueden acompañar con algún refresco o cerveza de origen ruso, sin olvidarse del vodka.

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