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En todo viaje, la mayor parte del gasto va destinado al hotel, pero en Hong Kong esta regla es aún más exagerada. Lo que en cualquier ciudad europea puede ser de un precio medio, en la isla se expone a precios astronómicos. La cuestión está en si se prefiere alojar en tierra firme por un módico precio y coger un ferry que cruce el Puerto Victoria o si decide invertir una gran parte del presupuesto en una zona donde tenga todo a mano. Acuerdos de negocios, parques, y restaurantes son las mayores atracciones de los que viajan a Hong Kong. La elección es una cuestión de gustos.
En Kowloon existen hoteles al alcance de todos los bolsillos. Albergues, hostales y hoteles que no lucen de estrellas hospedan cada día a cientos de turistas que eligen la opción más económica. Un ferry les separa de la imagen emblemática del skyline. Kowloon, y en concreto la calle Nathan, se ha convertido en la apuesta más segura para aquellos que viajan con un presupuesto más limitado ya que se pueden llegar a encontrar hoteles muy básicos por precios realmente bajos.
Hong Kong es la ventana al mundo exterior de los negocios asiáticos con Occidente y eso se nota en sus ostentosidades. Lujosos hoteles en las zonas más cotizadas de la isla que ofrecen al cliente todos los servicios que su ciudad abarca. Aquí la política de ”que por el dinero no sea” se refleja día tras día en el comportamiento de los visitantes. En la isla, Central y Causeway Bay son las zonas donde se concentra la mayor oferta. Lo que no se paga con dinero es el espacio y, ya sea caro o barato, todos los hoteles reparten los metros de las habitaciones como si fuese el mayor tesoro. Y es que tal vez lo sea.
Sobre todos los hoteles, hay uno que destaca por su relevancia histórica. El Peninsula Hotel “Grande Dame”, en el cruce entre la calle Salisbury y Nathan, es el hotel más antiguo de todo Hong Kong. La rica familia de origen judío-iraquí Kadoorie abrió este hotel con el fin de convertirle en el más refinado de todos y, a día de hoy, son los clientes más adinerados los que se hospedan en él. Pero no es el lujo lo que le ha otorgado esa relevancia, sino que en las Navidades de 1941 fue ahí donde los ingleses firmaron su rendición a los japoneses.
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