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Una antigua fábrica alemana de componentes electrónicos, con reminiscencias de la Bauhaus, alberga hoy las galerías de arte que muestran las creaciones de los artistas chinos. Bocas de riego, conductos de ventilación, chimeneas sin humos, puertas corredizas de hierro, se entre mezclan con esculturas, graffitis y otras expresiones que nos hablan del sentir de una nueva generación que quiere ser escuchada.
Fuera del circuito convencional turístico que ofertan las agencias de viajes, el Espacio 798 ve como cada día su nombre suena más a los extraños y se dejan ver por sus galerías. Uno no tiene la sensación de estar en Beijing, los cafés, restaurantes, tienen aires occidentales, sin embargo las creaciones son orientales. Sin duda. El espectáculo no está solo dentro sino en la calle también. Bonito entretenimiento el de observar a los locales que se encuentran por allí paseando. Peinados impensables y lacados en excesos, sombreros, gorras, perillas, pantalones de pitillo…aires muy modernos para una sociedad muy tradicional.
