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Más espectacular por fuera que por dentro, el olor a barras de incienso encendido es muy característico en la zona. Muchas tiendas se suceden en las proximidades del templo vendiendo incienso de muy diferentes tipos, tamaños y aromas.
El templo fue declarado monumento nacional en 1949. Actualmente en su interior residen religiosos de Mongolia. La imagen de los monjes custodiando la entrada a las diferentes salas del recinto es un buen recuerdo y una justificación para esta visita.
La entrada al monasterio es un sendero copado por árboles y parterres a los lados. Una vez se accede al interior, los grandes quemadores de incienso y la gente orando son los grandes protagonistas. Una de las grandes atracciones del templo es la estatua gigante de Buda que hay en el Pabellón de las Diez Mil Felicidades, realizada en madera de sándalo y tallada en un tronco de 26 metros de alto.
