Buscador GRATUITO de hoteles baratos y viajes
Desde primera hora de la mañana se puede observar a diferentes grupos de personas ensayando desde bailes populares, practicando taiji, jugando al mahjong, hasta mejorando su técnica en extraños deportes para nosotros, como pueden ser el badminton y el tenis de mesa.
Las bicicletas estacionadas en los alrededores de las entradas indican que su paso al interior de los parques está prohibido. El ciclismo no debe ser considerado un deporte, ya que es el único que no se deja practicar dentro de los parques de Beijing. Tras el pago de una cantidad pequeña de dinero, 10 RMB, el equivalente aproximadamente a un euro, se puede acceder allí donde los chinos son más chinos y nos enseñan sus costumbres animándonos a que probemos suerte con una raqueta, con una cometa o con una cinta de colores que se mueve al ritmo que marca la muñeca.
Un lago con pequeñas embarcaciones de recreo, puestos de comida y de helados (en verano) y un templo, como mínimo, son los elementos que casi todos los parques de Beijing tienen. La arquitectura tradicional china, el color rojo y puertas con grandes aldabas de cabezas de animales (sobre todo de leones), están muy presentes en cada uno de los jardines, y es que hay que tener muy cuenta que hasta no hace mucho tiempo el goce y disfrute de los parques estaba reservado al Emperador y su familia. De ahí el buen estado de conservación de cada uno y la solemnidad que se respira mientras se camina por ellos.
El turista curioso no debe dejar de acercarse a parques como el de Longtan, Beihai, Ditan, Ritan, Jingshan, Tiantan, Taoranting, Yuyuantan y los jardines del Palacio de Verano, éste último a las afueras de la ciudad. De reciente construcción, muy similar al parque Juan Carlos I de Madrid, está el Parque de Chaoyang. Sin duda el parque menos chinos de todos de la ciudad, quizás por eso el menos interesante si lo que se busca es cazar esa instantánea del chino de la mano de su rutina.
