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Todos los rincones son aptos para colocar este pequeño negocio, ya que el ritmo de vida en Beijing obliga a muchos ciudadanos a comprar su comida de camino al próximo destino. Brochetas de carne o pollo al estilo de una barbacoa o fajitas chinas rellenas de picante y verdura son algunos de los platos que se pueden ofrecer. Recién hecho y a un módico precio. Ésas son las mayores ventajas de estos restaurantes tan peculiares que venden brochetas a cualquier hora, tanto a los locales, como a los turistas.
Poco hace falta para montar un negocio como este: una bicicleta. Sus dueños suelen ser chinos pobres de las zonas más rurales de Beijing, ya que su piel morena les delata y nos refleja que han trabajado duro el campo y ahora han visto en estos restaurantes una salida.
