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Ni el calor ni la nieve son capaces de cerrar estos puestos. Durante todo el año, las calles de Beijing se llenan de restaurantes de dos ruedas. Incluso los tres días que nevó en febrero en la capital, los puestos de comida que acostumbraban a ponerse en los alrededores de nuestra casa salieron a la calle para ganarse un pequeño sueldo.
Tran una apetitosa comida a base de brochetas, los chinos tiran sus palillos a unas bolsas o contenedores habilitados al efecto. El problema es cuando hay demasiados... Nos extrañó mucho ver cómo los palillos no estaban tirados por todo el parque sino que los habían dejado en un lugar con bolsas y cajas.