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Es muy importante al llegar a Beijing saber dónde no estamos. Donde estamos es algo que cada día que pase iremos aprendiendo y a la vez disfrutando. El desencuentro entre nosotros y la ciudad del principio se diluye con cada monumento, con cada plaza, con sus museos, con sus mercados, con sus templos y con sus hutongs (callejones).
Beijing se presenta ante nuestros ojos como un iceberg. La Gran Muralla, La Ciudad Prohibida y La Plaza de Tian´anmen son sólo la punta de una inmensidad que se esconde por debajo de la superficie y que al turista curioso seguro que no decepcionará. Así, los olores que emanan de los puestos callejeros de comida, observar como juegan los locales al mahjong, ver como sus ciudadanos practican sus deportes; taiji, badminton, tenis de mesa o contemplar como vuelan una cometa, se convierte en un espectáculo para los sentidos difícil de olvidar e imaginar de que se podía encontrar en esta ciudad.
En España, en el Consulado de China, hay que solicitar un visado para poder acceder al territorio chino. En una semana y con un precio que ronda los treinta euros se puede obtener el visado de turista que te da derecho a una estancia de treinta días.
El idioma es una frontera difícil de superar. Una buena dosis de paciencia, poco sentido del ridículo para poder representar por medio de los gestos lo que deseamos y un buen mapa (que contenga caracteres chinos), será lo que necesitemos para poder desenvolvernos sin problemas por la ciudad de Beijing. La frustración de no conseguir hacernos entender puede llegar a formar parte del encanto de este viaje.
Es importante entender que estamos en un país con una cultura milenaria. Una cultura que nada tiene que ver con las occidentales. Así, por ejemplo, hay que tener mucho cuidado con lo que se hace cuando te entregan una tarjeta personal y no guardarla en el bolsillo trasero del pantalón, estaríamos cometiendo una gran falta de respeto. Del mismo modo, estar preparados para ver situaciones que para nosotros son impensables en nuestra ciudad, pero que aquí son cotidianas. Gente paseando al perro vestida con el pijama, hombres y mujeres escupiendo en medio de la calle, etc. nos chocaran al principio, luego… ¡Bienvenidos a Beijing!