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Éste es el aspecto de la calle donde se encuentra la puerta de entrada a la ciudad sumergida. Cuesta mucho encontrarlo porque no es un sitio turístico, el cartel de entrada es pequeño y las letras están semi-despegadas. Después de dar varias vueltas y ver cosas en la calle de un país nada desarrollado, nos topamos con la sorpresa de que estaba cerrado de manera indefinida.
La Villa cuenta con tres paradas de metro. La primera de ellas es la que te deja más cerca de El Nido y El Cubo. Para aquellos que tengan tiempo y energía, es mejor bajarse en la última parada y recorrer toda la villa. La última vez que fuimos hacía tanto calor que fue insoportable aguantar el sol en una explanada tan grande como ésta. Y en invierno hace demasiado frío por el viento que corre entre las grandes avenidas. La mejor época, en primavera.
La antorcha olímpica se deja ver en esculturas de un gran tamaño. Las esculturas son muy originales y dan pie a hacer fotos curiosas para el recuerdo con El Cubo de fondo. Son el doble de grandes que una persona de un metro ochenta.
El 20-J, el Día del Español, el Instituto Cervantes de Beijing quiso dar a probar un plato tan típico como la paella a todo aquel que se pasase por el centro. Nosotros quedamos allí con una amiga china y cuando probó la paella vimos en su cara la misma expresión que ponemos nosotros al comer por primera vez un plato chino, cautos y saboreando poco a poco por lo que pueda pasar.
El 20 de junio se celebró el día del Español en todos los Institutos Cervantes del mundo y Beijing no quiso quedarse atrás. Es muy bonito poder ver a los chinos tratando de comunicarse en español. Es el momento donde mayor nostalgia se siente. El evento estuvo muy bien organizado y las actividades tuvieron mucho éxito entre los asistentes.
Un ejemplo de las tiendas que se pueden encontrar en Gulou Dongdajie. Ropa alternativa, tiendas de frikis, de coleccionistas de maquetas de coches y un sinfín de opciones para comprar. Cada vez que paseamos por esta calle, encontramos un nuevo rincón.
Una de las múltiples paradas de autobús que tiene la calle. Es difícil entenderlas así que lo mejor es andar. Después de mucho esfuerzo, hemos conseguido memorizar fotográficamente los caracteres para descifrar qué dicen las paradas como ésta.
Los carteles informativos del barrio musulman, y en concreto de la mezquita, aparecen todos traducidos a los tres idiomas: árabe, chino e inglés. "Charity box", la caridad existe en todas las culturas y países. Nos resultó gracioso ver a estas tres lenguas juntas en un mismo cartel.
Los minaretes en Beijing tienen un aspecto peculiar ya que mantienen la arquitectura china pero no muestran caracteres. Pensábamos que habíamos entrado en un Templo chino pero en cuanto nos dieron unas chaquetas para ponernos sobre los hombros supimos que estábamos experimentando una cultura diferente.
De noche, estos lagos ganan una magia que sólo los lugares con agua pueden poseer. Los puentes y las barcas de alquiler posibilitan al viandante caminar por toda la inmensidad de los tres lagos. No debe quedarse en el primero y anímese a llegar hasta el último de todos.
El lago Houhai se congela en los meses más fríos de la capital china. Cuando paseamos por la orilla de este lago pudimos ver a la gente patinar, jugar y sacar al perro por encima de la superficie congelada. Algo asombroso.
Centro comercial situado al principio de la calle Sanlitun. The Village ofrece tiendas y restaurantes para todos los occidentales que quieran encontrar su oasis en Beijing. A nosotros nos sirvió de gran ayuda un 24 de enero para resguardarnos del gélido frío que asolaba la capital.
Las calles colindantes a Sanlitun ofrecen todo tipo de tiendas chinas. Resulta interesante observar la fusión entre Oriente y Occidente entre estas calles.
Esta calle da la posibilidad de ver un tranvía en el centro de Beijing, a escasos metros de la Plaza de Tian´anmen. Está bien ver Qianmen pero no merece la pena coger el tranvía ya que hace un único trayecto de 200 metros del principio al final de la calle. Lo más bonito, ver la puerta de Qianmen al fondo.
Qianmen Jie se construye a un ritmo vertiginoso. Optamos por subir esta calle porque nos resultó muy curioso el tranvía que la recorre de Norte a Sur. Tal vez, esa sea la mayor atracción de esta calle que aún se muestra practicamente vacia en establecimientos.
Los faroles rojos inundan las calles de Liulichang. Practicamente todas las tiendas están orientadas a la caligrafía pero has de ser un gran entendido para que merezca la pena comprar aquí.