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Regentado por una joven pareja china, el establecimiento tiene un aire bohemio que recuerda a los cafés de alguna ciudad europea. Un lugar así sería impensable en otra ciudad china hace años. La herencia y el contacto con británicos, franceses y estadounidenses se nota.
El Stormy Cafe es un pequeño espacio decorado con un estilo muy personal. Dos barras con capacidad para tres personas y tres mesas con dos sitios cada una de ellas. Una serie de fotografías enmarcadas cuelgan de las paredes, las mesas son improvisadas ventanas carcomidas tumbadas y cubiertas por un cristal. Entre mesa y mesa, un juguete que recuerda nuestra más tierna infancia nos invita a recordar mientras degustamos un café.
Hay que tener en cuenta que uno de los sitios está reservado para un bonito pastor labrador, un miembro más de la plantilla de este simpático café. Responde al nombre de Beer. No se asusten si ven un conejo, es otro “camarero” más.
La carta no es muy amplia pero, sin embargo, la preparación de las consumiciones es esmerada. Cafés, té, cervezas y absenta es lo que se puede beber. Los postres son dos: helado y creme brulée. Además de algunos platos salados. Lo peor de este lugar tan familiar es el distante precio que tiene. La personalidad del Stormy se paga.
Otro de los servicios que ofrece es la posibilidad de conectarse a Internet a través de una red WiFi. La clave la facilita el personal del establecimiento. No se la pregunten a Beer.
