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Arquitectura en Jerusalen

Jerusalén es una ciudad sin igual, venerada por los fieles de las tres grandes religiones monoteístas. Sus confines municipales albergan una fantástica mezcolanza humana y arquitectónica. La ciudad ofrece una asombrosa variedad de construcciones y viviendas, cuyos estilos diversos reflejan las pautas culturales de cada grupo de residentes y los diferentes períodos de su historia.

Arquitectura Jerusalen Hasta 1860, casi toda la población de Jerusalén residía en la Ciudad Vieja, tras las antiguas murallas construidas por Solimán el Magnífico en el siglo XVI. El hacinamiento indujo a buscar una solución fuera de los muros. Hasta entonces, y a lo largo de los siglos, la arquitectura Jerusalen ya se había visto enriquecida por templos, palacios y residencias que recogían los estilos de las diferentes religiones, culturas y nacionalidades que siempre se han visto atraídas por estas tierras. Mezquitas, iglesias y sinagogas comparten suelo desde siglos atrás.

Los barrios fuera de la Ciudad Vieja

La construcción de nuevos barrios extramuros se inició a fines del siglo XIX. Muchos de los promotores de esta nueva arquitectura en Jerusalén eran judíos que volvían a la tierra de sus antepasados, pero no eran los únicos. Tanto los musulmanes como los cristianos, y entre éstos alemanes, franceses, ingleses, rusos, italianos, etíopes, armenios y griegos, participaron en el desarrollo urbano de la ciudad nueva.

En todas partes, los emigrantes tratan de construir, de nuevo, la patria que dejaron atrás. Cuando se inició el gran movimiento cristiano de asentamiento en Jerusalén, en el siglo XIX, los colonos que llegaron para instalarse en ella copiaron el estilo de sus países de origen. Los rusos construyeron el Complejo Ruso como una fortaleza, en cuyo centro se alza una iglesia de cúpulas bulbosas, y a su alrededor, largos pabellones para hospedar a los peregrinos, y todo tipo de edificaciones al más puro estilo ruso.

No lejos de allí, los etíopes edificaron también al estilo de su país. Los templarios alemanes, por su parte, en los barrios que construyeron en Haifa, Jerusalén y Iafo, se guiaron por el modelo de los pueblos del sur de Alemania. Los europeos trajeron al oriente árabe la construcción lineal y monumental, los grandes bloques de edificios, apropiados para los climas fríos del norte, los techos de teja a dos aguas, hechos para resistir tormentas de nieve, y la técnica de construcción en madera, difícil de conseguir en unas tierras donde lo que abunda es la piedra.

Como norma, estos grupos tendían a planificar una arquitectura en Jerusalen que expresara sus propias culturas e historias nacionales. El resultado fue que la ciudad contó con una catedral nacional inglesa, un palacio renacentista italiano, un pabellón de caza del valle del Rin y un castillo escocés. Algunos constructores aspiraban lograr un efecto más vernáculo, incluyendo en sus diseños elementos "moriscos" y neoclásicos. Algunos de estos intentos tuvieron más éxito que otros; sin embargo, todos debieron competir con los materiales locales y los métodos de construcción tradicionales.

Los judíos, que hasta entonces habían alquilado casas de los árabes, empezaron a edificar sus barrios propios. El primero de éstos, Mishkenot Shaananim, construido en Jerusalén en 1860 , estaba formado por una serie de largas construcciones rematadas por techos inclinados de teja roja. La rica comunidad de los judíos de Bujara levantó al norte de la ciudad su barrio propio, aislado del exterior, y formado por casas grandes y uniformes con techo de teja. El mismo estilo se adoptó para los barrios de Meá Shearim (Cien puertas) y Najlaot (Heredades).

La población local empezó a imitar la construcción europea. Las familias árabes ricas, abandonando el cerco de las murallas de Jerusalén, y comenzaron a construir casas y palacios a estilo europeo, aunque decorándolos con toda la gama de la ornamentación musulmana tradicional. A diferencia de los barrios judíos que se componían siempre de casas una junto a la otra alrededor de edificios públicos, los árabes construían casas aisladas, cada una destinada a una familia ampliada, al estilo local. Los árabes no construyeron edificios públicos fuera de la ciudad amurallada.

La nueva arquitectura regional

El postmodernismo de los años ochenta preparó el terreno para una vuelta al pasado y para la busqueda de una arquitectura Jerusalen más regional. Ello llevó a buscar elementos musulmanes y árabes, tal como lo hizo Shlomó Aharonson en la Plaza Suzanne Dellal de Tel Aviv, en la que abundan elementos tomados del Islam español, y en especial de Sevilla, como pequeños naranjos, atarjeas y azulejos. Elementos análogos se encuentran en el patio del edificio Bet Shmuel del arquitecto Moshé Safdie, en la sede del Hebrew Union College en Jerusalén. La mayoría de los arquitectos que quisieron introducir en sus obras elementos orientales eligieron el Islam occidental más remoto, el de España, en lugar de las tradiciones árabes locales.

Un intento serio de acercamiento a las tradiciones de construcción locales es el edificio de la Suprema Corte de Justicia en Jerusalén, inaugurado en 1992 y diseñado por Ada Karmi-Melamed y Ram Karmi. Se encuentran en él profusas y variadas reminiscencias de elementos típicos de la construcción local a lo largo de los siglos, desde los palacios herodianos, pasando por el mausoleo helenístico de Absalón, los castillos de los cruzados y los monasterios griegos, hasta el estilo del Mandato británico. Esta plétora está organizada en un edificio complejo y casi barroco, que nace de un sistema de contrastes: claro-oscuro, ancho-angosto, abierto-cerrado, piedra-estuco, cuadrado-redondo.

Destacable es también que durante las dos últimas décadas se ha prestado más atención a la restauración y la conservación de los edificios, como alternativa al uso de la excavadora, cuyo empleo indiscriminado en los años setenta puso en peligro de desaparición a zonas enteras. Ejemplo de ello eran los planes para demoler los barrios de Najlaot y Majané Yehudá, en el centro de Jerusalén y levantar en su lugar torres de oficinas. Las de Clal y Migdal Hair son las únicas que llegaron a construirse.

La última gran obra arquitectónica que se ha inaugurado en Jerusalén es un puente diseñado por el español, Santiago Calatrava. El puente se concibió como futuro emblema de la renovación arquitectónica de la urbe, si bien, ha recibido numerosas críticas de aquellos que lo ven más bien como una intrusión en el entorno. Sin duda alguna, viajar Jerusalén puede ser una buena idea para quienes disfrutan de sus viajes admirando la arquitectura local, pues en esta ciudad hay un poco de todo el mundo y de todas las culturas.

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