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Las vistas desde el Wat Arun son espectaculares pero los escalones hasta arriba costarán más de un esfuerzo. Ánimo que los turistas son pocos y desde allí se puede tener una visión muy general del río Chao Phraya.
La arquitectura de todo el Templo es diferente a la de los demás de Bangkok (aunque siempre manteniendo la estética Thai). Los colores son más suaves que los del Gran Palacio y el enclave es inmejorable.
En Tailandia el amor hacia la monarquía está presente en cada uno de sus rincones. Las estatuas de los monarcas reconocidos tienen cabida en todas las ciudades del país.
La estatua del Rey Rama VI hace que la entrada al parque sea aún más histórica. El Parque en sí ya es importante para los locales por ser el pulmón de la ciudad, aquel que le da aire puro, pero la simbología de este monarca aún lo hace más relevante.
El templo que alberga en su interior a la pequeña figura de esmeralda de Buda no tiene nada que ver. De grandes dimensiones, dentro del recinto del Gran Palacio, destaca la ornamentada y dorada decoración de los tejados, de las estatuas, de las pagodas, etc. que custodian el lugar.
Esto es lo máximo que se puede mostrar del Buda ya que en la mayoría de los templos se pueden hacer fotos en su interior y éste es uno de ellos.
Los cuidados se llevan al extremo en lo que se convierte cada año como carta de presentación para muchos turistas que se acercan a Bangkok. Es fácil encontrarse a los jardineros por los alrededores para cuidar cada detalle.
El interior del recinto del Gran Palacio muestran su lado más silencioso y natural. Es bonito caminar y escuchar los sonidos de la naturaleza.
Este estilo puntiagudo del Templo del Buda Reclinado se repite en todos y cada uno de los monumentos de Tailandia. Su simbología e historia hace que en conjunto tengan sentido hasta para el turista.
Las pagodas que rodean el templo donde se encuentra el Buda reclinado no son simples sino que crean un ambiente nostálgico y algo conmovedor.