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Uno de los mayores atractivos de esta Walking Street son sus puestos de comida. Es muy sencillo pedir y hay muchas mesas comunes para que el cliente pueda sentarse. Si tienes que atreverte en algún sitio de Tailandia a comer en este tipo de puestos, éste es el lugar.
La calle muestra una cara totalmente diferente de lunes a sábado. Nosotros llegamos allí el sábado por lo que la Walking Street fue de lo primero que vimos. El resto de los días echamos de menos esa actividad en la calle.
Cuando íbamos a lomos del elefante sentimos un par de veces que acabaríamos en el suelo porque el nuestro se tropezó pero cuando llegó el turno de los bueyes, no entendíamos cómo no volcaba ese carro entre los barrizales que había ese día.
Cuando llegó la hora de descender el río en barcas de bambú, se puso a diluviar. Para los trabajadores del parque eso no fue motivo suficiente para esperar hasta que escampase así que allí fuimos. Nos empapamos hasta que a medio camino salió el sol. Tailandia es así.
Las aceras del pueblo Bosan están decoradas con los paraguas que allí mismo se hacen. Algunos más coloridos y otros que muestran el paso del tiempo por la pérdida de tonalidad, pero todos llenan las calles de ese toque especial que busca este rincón de Chiang Mai.
En las fábricas de paraguas se puede observar lo difícil que es hacer a mano estos obsequios que muchos de los que se acercan aquí se los llevan como recuerdo. La fábrica de la entrada es la más conocida pero también es interesante descubrir las que se adentran en la ciudad, ya que están menos explotadas.
La mayoría de los compradores que se acercan hasta aquí son occidentales ya que este lugar aparece en todas las guías. Son muy duros regateando e, incluso, algunos se quedarán sin venderte algo aunque sepan que con el precio que les estás ofreciendo puedes comprar lo mismo en el Sunday Walking Street.
La mayoría de las cosas que tienen estos puestos son objetos hechos a mano típicamente tailandeses. Pendientes, collares, velas, incienso y alguna que otra tienda de ropa para los mochileros.
La calle Ratchadamnoen, la más importante de toda la ciudad, cruza la ciudad amurallada de este a oeste y se convierte en la Sunday Walking Street. No os la perdáis.
Las ciudad amurallada está bordeada por un río que sigue el curso de la muralla y una carretera de doble sentido. Ahí es donde se concentra el mayor tráfico ya que funciona de carretera circular como la M-30.
El puente de Nawarat está decorado con banderas de Tailandia y de la monarquía. Al final del puente, dirección el casco histórico, te da la bienvenida a la ciudad un pequeño arco con fotos de los reyes, algo muy habitual en todas las ciudades del país.
Ver los atardeceres del puente desde cualquiera de los bares o restaurantes del riverside puede ser una de las imágenes más mágicas que te lleves de la ciudad. No es nada monumental pero sí particular y cercano.
Cuando el sol se esconde, este Templo adquiere este color tan peculiar. Si estás por allí cerca, no dudes en acercarte ya que descubriras otra cara del Buda León.
El templo de día muestra una cara festiva rodeado de turistas que llegan en tuk-tuk para contemplarlo. Además es especialmente curioso ver a los pequeños monjes corriendo y jugando por los alrededores.
En el interior del templo, el ambiente se llena de color y sonido gracias a un grupo de niñas tailandeses que bailan al más puro estilo tradicional. Casi todos los turistas, ya sean locales o extranjeros, les echan algún Baht como agradecimiento por poner este toque de magia en el templo.
Las más de 300 escaleras que tienes que subir para llegar al templo luego no son tan duras como puede parecer en un primer momento.