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Su distancia a 14 kilómetros del centro histórico, hace que subir hasta el templo no sea tan fácil como a priori parecía. Carretera de grandes inclinaciones que se sienten fácilmente dentro de un autobús local o sobre una moto alquilada y una vez llegas al templo hay que subir un total de 307 escalones.
Sólo cuesta la entrada para los occidentales mientras que los ciudadanos tailandeses pueden entrar de manera gratuita, como ocurre en la mayoría de los lugares religiosos del país. Una vez en el interior, los monjes santiguan con agua y una pulsera blanca.
El ambiente es colorido y festivo ya que se oye la música por cada rincón y las niñas de familias tradicionales bailan a modo de espectáculo para los asistentes.
Es importante llevar una vestimenta adecuada pero, si llevas pantalones cortos o camiseta de tirantes, no te preocupes que allí se puede alquilar. Además, para los amantes del budismo, hay un Centro Internacional para estudiar esta religión.
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