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No es de extrañar que las playas de esta provincia hayan quitado el puesto a la isla de Phuket. Menos explotado y, por tanto, menos viciado por los turistas, Krabi se ha convertido en la firme candidata para ser el lugar más deseado de todo el sureste asiático.
La ribera de un estuario delimita sus fronteras y la piedra caliza forma su paisaje. Peculiaridades que la impulsan a ser conocida por la gran variedad de ecoturismo que se ofrece por todos los rincones. Bañada por el mar de Andamán, la provincia no la compone solamente el pueblo de Krabi (lugar de pescadores), sino que dispone de una gran variedad de islas a su disposición conectadas por los ferries que salen desde los diferentes puntos de la provincia.
La isla de Lanta, las Phi Phi (aquellas que sufrieron el tsunami), la playa de Ao Nang y la de Noppharat Thara son los puntos clave de un lugar que desarrolla por momentos inas infraestructuras orientadas a los turistas. La visita a las islas se puede organizar por excursiones o contratando directamente una lancha privada por un coste algo mayor.
Sin embargo, Krabi no se compone sólo de playas y aguas cristalinas. Es conveniente darse un paseo por el centro de la ciudad, descubrir los templos que allí se levantaron, y se siguen levantando, y animarse a subir los 1237 escalones del Monasterio de la Cueva del Tigre. Las vistas desde allí no decepcionan a nadie.
La temperatura en Krabi nunca llega a ser invernal pero durante la temporada baja, de junio a octubre, se pronostican lluvias y fuertes vientos a causa de los monzones. Los grados nunca descienden de 20 pero durante estos meses es probable que lluvia todos los días, al menos durante un espacio corto pero, eso sí, intenso. Las cadenas hoteleras de aprovechan de la situación y los precios en la temporada alta (de noviembre a mayo) pueden subir hasta un 100%. Si te arriesgas, es probable que sólo llueva por las noches y salgas ganando: menos gente en sus playas y a precios más económicos.
