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Localizado en la parte este de la isla, los indicadores que te guían por la senda hacia el mirador son numerosos y claros. Todos los caminos llevan a Roma y también al mirador así que no sólo tienes una manera de subir hasta allí, hay más senderos secundarios, aquellos más bonitos, que terminan en el mismo lugar.
Hay que armarse de valor y energía porque el mirador está lejos y el trayecto no es fácil. Escalones o empinadas cuestas acompañan al turista en toda su travesía y los mosquitos harán el resto para que te sientas cómo en la selva.
Una vez en lo alto, se te olvidará lo duro que fue subir hasta allí. Las vistas son inmejorables y el ambiente de libertad se acentúa aún más si tienes la fortuna de no cruzarte con muchos viajeros que decidieron subir al mismo lugar. El mejor momento es al amanecer o cuando el sol se esconde entre las montañas de la isla.
En el mirador, hay casetas donde se vende comida, bebida e, incluso, souvenirs.
