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Lo primero que llama la atención al llegar es que tigres no hay, pero si muchos monos. Los monjes descalzos caminan entre oración y oración y las “monjas” limpian y cuidan el recinto del templo. Barras de incienso encendidas impregnan con su olor el ambiente.
En la falda de la montaña dos cuevas sirven de altar con una imagen de Buda. Una escalinata desigual apunta hacia el cielo. 1.237 escalones hacia la cima dice el cartel. La subida: es tortuosa, dura, a veces se puede llegar a pensar que no tiene fin, pero de repente…reina el silencio. La paz, la tranquilidad, necesaria para reflexionar tienen su espacio en este lugar.
La cima de la montaña está rematada por una gran figura de Buda. Otras imágenes de menor tamaño y pequeños altares completan este santuario tan espectacular por estar donde está.
Desde este punto se puede ver gran parte de la provincia de Krabi y adivinar esas playas que la han hecho tan famosa.
