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El Reichstag ha sido el escenario de acontecimientos tan importantes como la declaración de la República de Weimar en 1918, el alzamiento de la bandera soviética tras la Segunda Guerra Mundial o la primera reunión de Estado tras la caída del Muro de Berlín. Desde la reunificación, es el centro del nuevo barrio gubernamental y allí se reúne en sesión el Parlamento alemán, por lo que es interesante visitarlo cuando se viaje a Berlín.
El famoso arquitecto Norman Foster fue el encargado de la rehabilitación del edificio para ser de nuevo sede del Bundestag. Lo más destacable de su trabajo es la soberbia bóveda de cristal que remata el edificio y que se ha convertido en una de las principales atracciones turísticas para viajar a Berlín. El éxito de esta cúpula es que es transitable. A través de unas rampas se sube a la parte superior y desde allí se observan unas vistas espectaculares de la ciudad. Al estar construida con cristal, también es posible ver el interior del edificio.
Tras pasar un control de seguridad se sube por medio de dos ascensores al tejado, situado a 24 metros de altura y en cuya parte trasera se encuentra, un pequeño restaurante. el Käfer..Sobre este tejado se asienta la cúpula. Posee un diámetro de 40 metros y una altura de 23,5 y pesa 800 toneladas. Su armazón de acero consta de 24 nervios verticales y 17 anillos horizontales y una superficie acristalada de 3.000 metros cuadrados.Por su interior suben en espiral dos rampas situadas en extremos opuestos de la planta circular que permiten subir y bajar a un mirador que se levanta a 40 metros sobre el nivel del suelo. La cúpula recibe un promedio de 8.000 visitantes al día.
La arquitectura alemana de la segunda mitad del siglo XIX se caracterizó por el abuso de las tendencias historicistas y el Reichstag de Berlin es uno de los edificios que presentan la pesadez y el énfasis decorativo habitual en estos momentos. Su arquitecto es Paul Wallot y fue construido entre 1884 y 1894, en un momento en que en buena parte de Europa se recuperaba el estilo gótico. Sin embargo, Wallot eligió el Renacimiento italiano como modelo a imitar, creando un edificio con escasa originalidad y algo desfasado, a pesar de su aspecto clasicista.
Es un edificio resonante, con cuatro fachadas monumentales. La entrada principal se acerca por vía de un tramo de escaleras grande a un pórtico con columnas de estilo corintio. Durante la noche del 27 de febrero de 1933, el Reichstag fue quemado, quedando destruidos el interior y la bóveda del edificio. Después tuvo un daño adicional durante la Segunda Guerra Mundial. La restauración de esos daños fue realizada entre 1958 y 1972.
Después de la reunificación de Alemania, Foster fue designado para restaurar el edificio como centro parlamentario. Foster quitó los pisos insertados en las restauraciones anteriores y agregó la bóveda de cristal nueva al cuarto piso. El 19 de abril de 1999 se celebró una entrega de llaves simbólica al presidente del Bundestag, así como la primera sesión ordinaria. La renovación había durado cuatro años, ajustándose a los plazos y presupuestos planeados. El parlamento comenzó a desempeñar sus funciones en el Reichstag de manera regular el 7 de septiembre 1999.
El Bundestag actual se ha preocupado de vincular el Reichstag con el arte. En este sentido, el acontecimiento artístico más sonado ha sido el “empaquetamiento del Reichstag” en el verano de 1995. El artista Christo y su esposa Jeanne-Claude Guillebon fueron autorizados para “empaquetar” el edificio con más de 100.000 m² de tela de polipropileno resistente al fuego, cubierta por una capa de aluminio y 15 km. de cuerda. Tardaron una semana en empaquetarlo y los viajes de turistas a Berlín se multiplicaron para contemplar tan peculiar obra. En total cinco millones de visitantes se acercaron al Reichstag ese verano.
En el Reichttag hay expuestas obras de gran valor cultural, muchas relacionadas, inevitablemente, con la historia reciente de Alemania. El Consejo de Arte parlamentario fue el encargado de elegir a los dieciocho artistas internacionales que crearían obras para el Reichtag, entre ellos Boltanski, Bruskin y Jenny Holzer. Además, se invirtió en la compra de otras piezas con lo que se consiguió el objetivo de crear una valiosa colección de arte contemporáneo con obras de 30 artistas, que en parte, pueden contemplarse en los viajes guiados por el edificio.
Los orígenes de este monumento Berlin se remontan a la fundación del Imperio alemán en 1871, cuando la Casa de los Diputados de Prusia ya no disponía de espacio suficiente para albergar a tan amplia representación de diputados por lo que en abril de ese mismo año se aprueba la construcción de un parlamento “a la altura de las funciones del Reichstag”.
Fue complicada tanto la elección del solar como la adjudicación de las obras y hasta junio de 1884 no se pudo poner la primera piedra de este edificio de Berlin . Ya en aquel entonces la cúpula fue lo más sonado del edificio pues a su arquitecto, Paul Wallot, le dio muchos quebraderos de cabeza. Se tuvieron que cambiar los planos varias veces hasta conseguir su ubicación definitiva. Originariamente tenía que estar en una posición central, sobre la sala de plenos, pero por cuestión de presiones, Wallot tuvo que desplazarla y construirla encima del vestíbulo de entrada.
Paul Wallot había intentado crear un nuevo estilo de arquitectura nacional, algo así como un paralelismo, en términos arquitectónicos, de la unificación de los estados que conformaban el Imperio alemán. Para poder percibir este propósito se debe analizar el edificio en su conjunto, tanto por dentro como por fuera. Para el exterior Wallot utilizó sobre todo formas típicas del Renacimiento italiano y las combinó con elementos del Renacimiento alemán, algunos neobarrocos y la por entonces vanguardista estructura de acero y cristal de la cúpula.
Sus contemporáneos no entendieron el resultado como una síntesis armónica, sino más bien como una amalgama poco convincente. Los más conservadores rechazaron la modernidad de la cúpula y los más jóvenes, la piedra en sillería al estilo renacentista. Especialmente crítico fue el arquitecto berlinés Ludwig Hoffmann, que llamó al Reichstag "coche fúnebre de primera clase".
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