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La Alte Pinakothek (en español Pinacoteca Antigua) cuenta con más de 8.000 obras y su colección comenzó en el siglo XVI debido al gusto por la pintura del duque Guillermo IV de Baviera, quien poco a poco fue atesorando cuadros que otros duques, príncipes y nobles de la época iban donado al museo ya sea por herencia, por encargo o simplemente para su exposición. Debido a la originalidad de los cuadros, la calidad con las que se conservan y la cantidad de obras, el museo se ha vuelto sin dudas el más importante en cuanto a pintura antigua en Alemania y el mundo.
El diseño del museo mantiene el estilo neoclásico desde su primera construcción en 1826 cuando lo diseñó el arquitecto Leo von Klenze por encargo de Luis I de Baviera, quien afirmó no tener espacio suficiente en la galería de su Palacio para una colección de cuadros que no paraba de crecer. Luis I, era de marcados gustos filohelénicos, que se tradujo en la estética exterior del edificio, como curiosidad, baste decir que su hijo Otón llegó a sentarse en el trono de Grecia durante un tiempo Durante muchos años, el museo se convirtió en el más importante de toda Europa, sin embargo, los destrozos sufridos durante la II Guerra Mundial, llevaron a considerar la posibilidad de demolerlo. Esto no llegó a ocurrir y en la década de los 50 el museo fue reconstruido y remodelado siguiendo los planos del arquitecto Hans Döllgast.
Aunque limitada en el tiempo, no se puede decir lo mismo de la enorme variedad de estilos, colecciones y pintores que forman el Museo. Entre los pintores destacados se encuentran Boucher, Veronés, Tiepolo, Rembrandt y Carracci por citar algunos. La pintura flamenca y la italiana se encuentran representadas desde períodos primitivos, predominando en la flamenca el estilo barroco, y en la italiana las pinturas favoritas son las de Leonardo, Rafael, Boticcelli y Fra Angelico.
Las pinturas más llamativas son las de origen español, que datan del Siglo de Oro, entre las que se pueden destacar obras de Velázquez, Murillo, Zurbarán y José de Ribera. Indudablemente, la colección más importante para los muniqueses es correspondiente a los pintores alemanes, que a su vez son las que tienen mayor antigüedad pues datan del siglo XIV y hasta el año 1550 cuando el estilo aún seguía siendo el romanticismo. Entre sus mejores obras se encuentran pinturas de Alberto Durero, Lucas Cranach, Matthias Grünewlad y Hans Holbein entre muchos otros.
El núcleo de la colección del Alte Pinakothek de Munich está constituido por cuadros de diversas procedencias: en primer lugar, la pintura barroca centroeuropea procedente de la fusión de las colecciones principescas de las dinastías Kurss-Kurpfalz y Pfalz-Zweibrücken. En segundo lugar, una pequeña pero exquisita selección del Cinquecento. Un grupo de cuadros reunidos para salvarlos del expolio durante el imperio napoleónico. Y por último, la colección de obras extranjeras. Como en otras pinacotecas nacionales, la intervención directa de los príncipes gobernantes fue decisiva en su formación.
Alemania fue, a lo largo de su historia, un conglomerado de principados, ducados y demás controlado por elección entre una serie de dinastías, cuyas alianzas y rivalidades determinaban la hegemonía de una u otra familia. Las primeras obras se deben a Baviera. Juan de Baviera fue, por ejemplo, mecenas de los hermanos Van Eyck. Guillermo IV, unificador del ducado bávaro, gobernó de 1493 a 1550 y fue el primer gran mecenas alemán. Muchas de las obras que encargó fueron a artistas alemanes, lo que contribuyó a la consolidación de la magnífica Escuela alemana de los siglos XV y XVI. Casi todos los cuadros que compró estaban orientados a la ornamentación de su palacio Lusthaus y hoy forman parte de la Pinakothek.
Su sucesor, Alberto V, que gobernó de 1550 a 1579, fue un coleccionista de curiosidades en el mejor estilo manierista. Sus hallazgos fueron reunidos en la Schatzkammer, que incluía retratos de hombres ilustres que pasarían también a la Alte Pinakothek. Maximiliano I, hijo de Guillermo IV, fue un gran admirador de Durero, por lo que la mayor parte de las obras de este pintor excepcional que hoy podemos admirar en el museo se deben al coleccionismo del duque. También reunió un importante fondo de pinturas de Rubens.
Maximiliano Manuel fue príncipe elector, casado con Adelaida de Saboya, cuya familia le facilitó las relaciones con Italia, Francia y España. Sus adquisiciones fueron tan importantes en cantidad que se vio obligado a construir una nueva sede para la galería. Su gusto italianizante hizo que buscara como arquitecto a Zuccalli. La galería nueva se levantó en Schleisseheim, enriquecida con doce Rubens, quince Van Dyck y obras de Bramante, Snyders, Jan Fyt y Murillo. La colección de italianos en el catálogo de 1761 seguía siendo escasa pero selecta. Se añadieron más obras de holandeses como Brouwer, Teniers o Brueghel.
La pintura española tenía un trato de favor que se vio roto por la guerra de sucesión de 1700, en la cual la dinastía Habsburgo fue sustituida por la francesa de los Borbones, enemigos de los Austrias. A finales del siglo XVIII las mayores compras siguen siendo de autores holandeses. En el último año de ese siglo, 1799, obtiene la hegemonía la dinastía Zweibrücken, que se interesó por aquellos pintores antes denostados: los franceses. De este modo, se llevaron a la Alte Pinakothek pinturas de Claudio de Lorena, Poussin, Chardin, Boucher, Greuze y otros.
Las desamortizaciones del siglo XIX también afectaron a las propiedades eclesiásticas de Baviera y Tirol. A esto se unió en 1803-1804 la política de evacuaciones de castillos y residencias nobles ante el avance del ejército napoleónico, por lo que numerosas obras de arte obtuvieron refugio en la Pinakothek para evitar su traslado a París. Otra colección palatina que enriqueció los fondos fue la de Düsseldorf, de la casa dinástica Neuburg-Sulzbach, que se traslada a Munich, con obras de artistas italianos del Barroco como Annibale Carracci, el Domenichino o Guido Reni, y anteriores como Tintoretto, Andrea del Sarto y Rafael de Sanzio.
Las diferentes tensiones entre dinastías electoras enriquecieron la colección, puesto que las distintas alianzas y matrimonios de conveniencia proporcionaban donaciones, regalos y dotes que iban a parar a la Pinakothek. La unificación que se llevó a cabo en el siglo XIX finalizó con el régimen de principados. Así, durante el XIX la colección sólo adquirió cuadros determinados por una política de compras e intercambios que pretendían rellenar vacíos en las Escuelas del Quattrocento y del Cinquecento. La historia de este museo de Munich es la historia de Bavaria contada a través del arte.
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