Castillo Neuschwanstein

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Castillo Neuschwanstein

Siete semanas tras la muerte del rey Luis II en 1886 se abrió al público el Castillo de Neuschwanstein. El rey, había construido el castillo para poder alejarse de la vida pública, pero lo que en su día fuera su refugio se ha convertido en el castillo más conocido del mundo, el castillo que inspiró a Disney a Ruben Darío o a Tschaikowsky.

Turismo Munich El castillo Neuschwanstein es hoy uno de los castillos más visitados de Europa, más de un millón de personas se acercan a conocer el genuino y auténtico castillo de los cuentos de hadas. En verano, se agolpan diariamente más de 6.000 visitantes por unas habitaciones que en su origen, estaban destinadas a un solo residente. Su idílica situación ayuda mucho a engrandecer su leyenda, desde la habitación del romántico monarca, primo y amigo de Sissi Emperatriz, se observaban maravillosas vistas y paisajes de los Alpes, incluyendo una encantadora cascada.

El castillo neoclásico Neuschwanstein ("Nuevo Cisne de Piedra"), toma su nombre del Caballero Cisne de una ópera de Richard Wagner, del que Luis II era gran admirador. Está ubicado en la región de Fuessen, sobre un peñón próximo al lago Alpsee y a la catarata Pöllat. Su construcción se inició en el año 1866, no con el fin de crear una fortaleza militar sino buscando generar una bella figura arquitectónica que recordara los cuentos de hadas y contuviera en su interior los avances propios de la tecnología más moderna. El diseño, todo un desafío, estuvo a cargo del arquitecto Christian Jank. De las 360 habitaciones con que cuenta el castillo, sólo fueron terminadas catorce.

Aquí se refugiaba Luis II en un mundo imaginario, en el mundo poético de la Edad Media. Sus habitaciones estaban decoradas con gran lujo, utilizando cuadros y tapices en los que se representan las sagas medievales que habían inspirado las óperas de Wagner. Las pinturas murales del castillo tienen como tema historias de amor, culpa, penitencia y salvación. Reyes y caballeros, poetas y parejas de amantes pueblan las habitaciones. Tres figuras tienen especial relevancia: el poeta Tannhäuser, el caballero del cisne Lohengrin y su padre, el rey del Grial Parsifal. Estos fueron los modelos y los seres espiritualmente afines a Luis.

Otro tema principal en la decoración es el cisne. El cisne era a su vez el animal heráldico de los condes de Schwangau, de los que el rey se sentía sucesor, y el símbolo cristiano de la "pureza", a la que Luis aspiraba profundamente. En la concepción del castillo también jugaron su papel ideas políticas y religiosas, algo que se reconoce especialmente en la Sala del Trono. Las representaciones muestran aquí cómo se imaginaba Luis II una monarquía "por la gracia de Dios", con mandato santo, dotado de un poder que nunca poseyó el rey bávaro.

Construccion

Los trabajos en el futuro emplazamiento del castillo Neuschwanstein de Munich comenzaron en el verano de 1868, llegándose a rebajar hasta ocho metros de roca para hacer sitio a los cimientos. En junio de 1869 quedó terminada la nueva carretera de acceso. En la ceremonia de colocación de la primera piedra celebrada el 5 de septiembre de 1869, y siguiendo la tradición de Luis I, se depositaron retratos del promotor de la obra y monedas de su época de gobierno. Para la construcción se hizo uso de los medios más modernos, tanto técnicos como de los materiales. Los cimientos se hicieron con cemento, la fábrica es de ladrillos y solamente fue revestida con piedra caliza clara, pero dando lugar a uno de los más bellos referentes del turismo de Munich.

Primeramente se construyó la puerta fortificada y a finales de 1873 estaba preparada para ser habitada y el piso superior serviría de vivienda durante años a Luis II. Posteriormente el tamaño deseado por Luis II para la Sala del Trono exigiría por motivos de estática una técnica moderna, siendo dotada de una construcción de hierro revestida. El equipamiento técnico y decorativo se dio por finalizado, salvo excepciones, a mediados del 1884. Luis II sólo vio su nuevo castillo en obras, las llamadas Dependencias de las Damas y la torre cuadrada no se erigirían hasta 1892 en una forma más sencilla.

Aunque fuese una recreación de los palacios de cuento, el castillo contaba con todos los avances de la época para conseguir el mayor confort de sus habitantes. Las habitaciones del palacio, el edificio de vivienda real, se calentaban mediante una calefacción central de aire caliente. En todas las plantas se disponía de agua corriente, en la cocina incluso de agua caliente y fría. Los inodoros contaban con desagüe automático. A través de una instalación eléctrica de comunicación interna, el rey podía llamar a sus sirvientes y ayudantes. En el tercer y cuarto piso había incluso conexión telefónica. Los alimentos no tenían que subirse trabajosamente por las escaleras, pues tenían su elevador. Otra particularidad de Neuschwanstein son sus grandes ventanales, aún raros en tiempos de Luis II. Sin lugar a dudas este es un lugar mágico imprescindible de visitar cuando se viaja a la cercana ciudad de Munich.

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