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Ha sido la capital desde el establecimiento del Principado en 1278. En 1993, con la nueva Constitución se estableció un parlamento democrático, con sistema ejecutivo, legislativo y judicial, todos situados en la ciudad. También tiene el honor de albergar el Consejo General de los Valles, que se celebra en la antigua Casa de la Vall, un edificio imprescindible de visitar en los viajes Andorra la Vella .
Andorra la Vella, también conocida como Andorra la Vieja, tiene una población de 23.400 habitantes, y su principal fuente de ingresos es el turismo, así como un sistema bancario que favorece las inversiones extranjeras. Está situada en el valle pirenaico del Gran Valira, en las laderas del este del Pic d' Enclar, a unos 1080 metros de altura. Se puede considerar la única ciudad del principado y su centro neurálgico, donde se sitúa, sin duda, el mayor volumen de comercio y producción. Esta última incluye productos de lana, procesamiento del tabaco, textiles, muebles, alimentos y bebidas destiladas.
Es un centro de comercio, sobre todo de compras por parte de visitantes extranjeros, con gran bullicio y masificación de gente, sobre todo en temporada alta, lo que hace que parezca una ciudad mucho mayor de lo que es. Su modelo de negocio se basa en vender productos libres de impuestos importados de Europa y Asia a compradores, mayoritariamente, de España y Francia.
El especial régimen fiscal de Andorra, sin apenas impuestos, ha permitido e impulsado la creación de un gran entorno comercial en la zona de las avenidas Meritxell y Príncipe Benlloch. En la actualidad los andorranos, que hasta la fecha han alimentado y fomentado este aspecto, luchan por quitarle importancia y por llevar la atención de los visitantes hacia otros aspectos de la oferta que presenta la capital.
Sin lugar a dudas se pretende dar mucha mayor importancia al turismo deportivo y de ocio que tanto tiene que ofrecer en esta ciudad. Las cercanas estaciones de esquí son un reclamo turístico inigualable, así como los numerosos wellness, que están haciendo muy popular el turismo de salud. En las temporadas que la nieve desaparece el senderismo, el mountain bike y otros deportes, permiten descubrir la impresionante naturaleza que ofrece este destino montañoso, lleno de lagos y bellos paisajes que hacen irresistible un viaje a Andorra la Vella.
La ciudad se divide entre la parte nueva donde abundan los centros comerciales y la parte vieja, en donde encontrarás iglesias, restaurantes, bares y la arquitectura más interesante. La ciudad cuenta con varios edificios y lugares históricos de gran relevancia y pasear por las calles de su centro histórico resulta muy gratificante.
La Plaça del Poble es un lugar tranquilo desde donde se puede disfrutar una vista panorámica del valle de Andorra, antes y después de dispensar una mirada más de cerca a algunos de los interesantes sitios a su alrededor y, en primer lugar, a la Iglesia de Sant Esteve. También destacan, y no deben pasarse por alto, la arquitectura y la decoración de las fachadas de algunas de las casas de la plaza, como las de la Casa Guillemí y la Casa Molines. En la esquina de Mestre Fontbernat, junto a la puerta lateral de la iglesia, obra del arquitecto modernista Josep Puig i Cadafalch, se encuentra la antigua pila bautismal y una escultura del artista italiano Luigi Terruchi, dedicada a San Esteban.
Por su parte la Iglesia de Sant Esteve en concreto, es un edificio construido en el siglo XII, con considerables modificaciones posteriores. De la parte románica, queda el ábside, que alguna vez mostró frescos, actualmente alojados en el Museo Nacional de Arte de Cataluña y en dos colecciones privadas. En su interior, una viga de madera policromada y algunos retablos barrocos resultan de gran interés. Desde el exterior, pueden observarse el ábside y el campanario, también en estilo románico.
Yendo a lo largo del Carrer de la Vall, se encuentra la Casa de la Vall, sede del Consejo General (el Parlamento de Andorra); construida en 1580 como casa patriarcal de la familia Busquets y adquirida por el Consejo de la Tierra en 1702. En su interior se pueden admirar algunas obras de arte de gran interés, entre las que destacan los frescos del siglo XVI de la Antecámara y dos retablos del siglo XVII.
De las secciones del edificio que se pueden visitar, merecen mencionarse: la Sala del Tribunal de Cortes en la Planta Baja, donde todavía se aloja parte del sistema judicial andorrano; el Salón del Consejo General, donde se reúne el Parlamento de Andorra; la Antecámara, donde se congregan los parlamentarios; la Oficina del Síndico General; y la cocina, que aún se utiliza una vez al año, cuando se organiza el encuentro de la Cofradía de Hombres Casados de Andorra la Vella.
La Iglesia de Santa Coloma, construida originalmente en el siglo X, es una de las mejores y más representativas iglesias del arte prerrománico y románico que puedan encontrarse en Andorra, y tanto el ábside como la nave datan de ese período. En el siglo XII, la bóveda sobre el altar y el arco de triunfo fueron decorados con frescos, de los cuales, algunos vestigios han sobrevivido hasta nuestros días, aunque la mayoría de estas pinturas están ahora en el Museo de las Culturas Europeas de Berlín, en Alemania. También en el siglo XII se agregó el campanario románico, en estilo lombardo, uno de los más curiosos que existen, debido a su forma circular. El pórtico, de fecha desconocida, más tardía, probablemente fue añadido alrededor del siglo XV. Dentro de la iglesia, se puede admirar un retablo barroco del siglo XVIII, dedicado a su santa patrona.
Otra iglesia románica, del siglo XII, la de Sant Andreu, situada en la calle del mismo nombre merece una visita, al igual que el famoso Puente de la Margineda. De estilo medieval, este puente se encuentra en un prefecto estado de conservación. Al lado hay una escultura metálica del artista valenciano Andreu Alfaro.
Existen también unos restos arqueológicos, el conjunto Romano-Medieval de El Roc d'Enclar, que está situado a 1.126 metros de altura, por encima de Santa Coloma. Complejo medieval, antiguamente fortificado, que se levantó sobre construcciones romanas entre los siglos VII y VIII. Han llegado pocos restos hasta nuestros días, pero se aprecia que el recinto estaba protegido por una muralla que seguía el perímetro natural del promontorio. La construcción principal era la torre que se encontraba en la parte más elevada del mismo.
Por otro lado, el Centro de Interpretación del Hierro, introduce al visitante en el mundo del hierro. Las tareas de adecuación de la sala de trabajo ofrecen la posibilidad de conocer la trompa, el horno, los dos mazos y las condiciones de trabajo de la época. El Centro está ubicado en la Farga Rossell, construida entre los años 1842 y 1846, y que, a pesar de un corto periodo de inactividad, se mantuvo activa hasta el año 1876. Al viajar Andorra la Vella, el Centro de Interpretacion puede ser un buen comienzo para realizar la Ruta del Hierro en los Pirineos, reconocido como itinerario cultural europeo por el Consejo de Europa.
Los acontecimientos culturales de la ciudad se articulan en torno al Teatre Comunal, creado en 1992 tras la reforma del antiguo cine de Les Valls. Ubicado en pleno centro, tiene capacidad para cerca de doscientos cincuenta espectadores. Su programación contempla todas las artes escénicas, teatro, danza y música. Más recientemente se inauguró el centre cultural La Llacuna, que alberga el Institut de Música i Dansa. Es muy importante la Temporada de Música i Dansa, muestra anual de música y danza que se celebra desde 1994. El Dijous de Rock, ciclo de conciertos para la promoción de los grupos andorranos de rock, que se celebra anualmente durante los meses de verano (julio-agosto). Y por último, el Festival internacional de payasas, un certamen de carácter bianual que se celebra desde 2001.
Hay que buscar las raíces de la cocina andorrana en la manera de vivir de los habitantes del país hasta principios del siglo XX. Los andorranos poseían, de hecho, una riqueza enorme en sus rebaños de vacas id'ovelles y los pequeños animales domésticos. Uno de los alimentos de base era, pues, la leche y sus derivados, esencialmente el queso, uno de los más apreciados y que aún se sigue elaborando es el queso de tupí.
El animal por excelencia era el cerdo. Con la matanza del cerdo, normalmente durante el mes de diciembre, las casas andorranas obtenían una gran variedad de embutidos y de carne confitada o salada. Entre los embutidos destaca la Donji, la bringuera, los toros, la longaniza y las butifarras, con el jamón, se elaboran aún hoy los picatostes con miel.
Hasta mediados del siglo XX, la caza tenía una importancia considerable, dado el e equilibrio relativo que se mantenía entre el volumen de caza y el número de cazadores. Los civet de jabalí, de rebeco y de liebre, guisos con vino y chocolate, y los arroces con ardilla son sin duda los más conocidos. En cuanto a la pesca, se puede saborear la trucha al'andorrana, que se prepara con almendras. Los bosques y los prados de Andorra la Vella ofrecen una gran variedad de setas, que se pueden comer a la brasa, en tortilla o guisos, como acompañamiento. Podríamos citar aún muchos otros platos, sencillos pero sabrosos: las tortas, las ensaladas de Xicoies od'enciam de fuente, los caracoles, el bacalao y un largo etcétera.
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