Cripta Imperial

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Cripta Imperial

Se sitúa cerca del Palacio Imperial y en ella se encuentran los sarcófagos de los emperadores y emperatrices del Imperio Autrohúngaro y sus más allegados familiares desde 1633 hasta la actualidad, entre ellos Francisco José I y su mujer Sisí.

Monumentos Viena La Cripta Imperial se encuentra debajo de la iglesia de los Capuchinos y está destinada a los miembros de la dinastía austriaca. Ampliada en numerosas ocasiones, alberga los cuerpos embalsamados de 146 nobles, entre ellos doce emperadores así como diecinueve emperatrices y reinas. Fue la emperatriz Ana del Tirol, esposa de emperador Matías I, quién tuvo la idea de crear un claustro capuchino y una cripta para sus respectivos enterramientos, en las cercanías del Palacio Imperial de Hofburg. Actualmente se sigue utilizando para los descendientes de estos ilustres personajes y la sepultura más reciente data del año 2007.

Las obras comenzaron en 1622, ya fallecidos los emperadores Ana y Matías, cuyos cuerpos reposan en este edificio desde 1633 en la Bóveda de los Fundadores. Se trata del área más antigua de la Cripta y destaca por un estilo escueto y recatado, prácticamente carente de ornamentación. Justo debajo de la nave de la iglesia, se levanta la Bóveda Leopoldina o Leopoldsgruf. Allí descansan las tumbas idénticas de doce niños descendientes, en su mayor parte, del emperador Fernando III y Leopoldo I.

Tanto en este espacio como el siguiente, la Bóveda Carolina o Karlsgruft, se observan sarcófagos pertenecientes a archiduques y archiduquesas, emperadores y emperatrices, así como algunas urnas, que contienen exclusivamente el corazón de algunos miembros de la realeza, por ejemplo, en la sala principal de la Leopoldsgruft duerme en su vasija el corazón de la reina María de Portugal, hija del emperador Leopoldo I. En las siguientes áreas llaman poderosamente la atención la Bóveda de María Teresa, donde destaca el doble sarcófago de la emperatriz y de su marido, obra de Balthasar Ferdinand Moll y por último, la Bóveda de Francisco José, en la que descansan los cuerpos de Francisco José I y Sisí, junto a su hijo Rodolfo.

Los sarcofagos

Hasta el año 1700, el material más común para los sarcófagos imperiales fue una aleación parecida a un bronce de lata, cubierto de laca. Mucho más espectaculares son las tumbas de la época barroca y rococó, de bronce verdadero, material mucho más caro. El reformista emperador José II decretó una simplificación de las tumbas empleándose cobre de mayor ligereza y más barato. En los años posteriores fue adoptada una mezcla de cobre de molde y cobre de bronce, así como plata bronceada. Sólo un sarcófago, el del emperador Francisco José I, está hecho en piedra en vez de en metal.

Dentro del sarcófago, los cuerpos se encuentran en ataúdes de madera abrigados en seda. El ataúd por lo general tiene dos cerraduras cuya llave es guardada por el Guarda capuchino de la Cripta Imperial de Viena, la otra es guardada en la Schatzkammer del Palacio de Hofburg.

Conservacion

A lo largo de los siglos, la humedad constante, las variaciones en la temperatura, y la afluencia de visitantes, se han cobrado un gran coste para los sarcófagos, dando lugar a agujeros provocados por la corrosión y rasgones. Las capas de las superficies horizontales se habían desconchado, los envases se habían abierto camino, el metal de molde absorbió demasiada humedad y se hinchó, y las pesadas cubiertas habían hecho que algunos flancos se doblaran. El primer esfuerzo de restauración fue emprendido en 1852, pero no fue hasta 1956 cuando nació la Asociación para Salvar la Cripta Capuchina.

Lo primero fue ampliar el espacio disponible y después de terminada la Bóveda Nueva en 1960 y la transferencia de veintiséis tumbas a la Bóveda Toscana, los trabajos de deshumidificación pudieron comenzar. También fue creado un taller al final del sur de la Bóveda Toscana donde artesanos sumamente expertos podrían trabajar sobre tumbas seleccionadas temporalmente trasladadas allí para su restauración. En 2003 el nuevo modelismo de las instalaciones para visitantes hacen la cripta accesible a los minusválidos. La ruta de este monumento de Viena también fue cambiada para que los visitantes puedan ver las tumbas en la secuencia histórica.

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