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El Palacio de Schonbrunn surge tras la victoria de 1683, que expulsó definitivamente a los turcos de Europa y dio al imperio austriaco una gran estabilidad. Leopoldo I y los príncipes ligados a la corte imperial aprovecharon estos años para construirse magníficos palacios en Viena. Como el pabellón de caza de Schönbrunn había sido destruido durante el asedio de 1683, Leopoldo I decidió sustituirlo por un palacio digno del recuperado poder de los Habsburgo. Hizo llamar a Fischer von Erlach, arquitecto austriaco que, aunque formado en Italia, tomó como modelo Versalles y proyectó un palacio aún más grande.
El emperador lo rechazó ya que no era tradición de los Habsburgo ofrecer una imagen tan desmesurada de pompa y lujo. El arquitecto presentó un segundo proyecto, mucho más modesto que sí fue aceptado y que se componía de sólo 1.441 habitaciones, 40 de las cuales ahora se pueden visitar para conocer la forma de vida de esta estirpe imperial. Las obras prosiguieron mucho tiempo después de la muerte del emperador y el arquitecto. Fue terminado durante el reinado de María Teresa, en el siglo XVIII, quien contrató a Nikolaus Pacassi para que lo finalizara.
El interior del palacio es de estilo rococó, decorado por Nikolaus Pacassi, prevaleciendo dicha decoración en los salones oficiales. Destacan los espacios blancos, a veces decorados con motivos ornamentales dorados. Las habitaciones son muy suntuosas, forradas de madera de higuera y adornadas con miniaturas persas; también las hay muy sencillas, como las estancias ocupadas por Francisco José y la emperatriz Isabel. La Gran Galería se utilizaba para los banquetes imperiales y ocasiones especiales desde 1761. Destaca el Congreso de Viena de 1814-1815 y la cumbre de 1961 entre el presidente de EE.UU. John F. Kennedy y el presidente de la antigua URSS Nikita Jruschov.
El Salón Chino Circular era utilizado por María Teresa para mantener conversaciones privadas con su canciller. Otras salas importantes son la del Chino Azul, lugar de abdicación de Carlos I en 1918; la de Laca Antigua, donde vivió María Teresa al quedar viuda; el Gran Salón Rosa, que recibe este nombre por los paisajes de Suiza y norte de Italia, pintados por José Rosa; y el Salón del Desayuno, donde desayunaba la familia imperial. Los interiores en general son un auténtico tesoro: frescos, pinturas trompe I'oeil, marquetería, lacados, estucos y espejos, tapices, mármoles y cristal. La Sala de los Millones costó casi un millón de guilders, una cantidad astronómica, si se compara con los 30 guilders anuales que recibían los criados de la corte como salario.
Al margen del ceremonial cortesano, muchas habitaciones del Palacio de Schonbrunn de Viena se utilizaban como vivienda y en esto reside el mayor interés. Por ejemplo, puede verse la Sala de los Espejos donde recibió la emperatriz a Mozart cuando éste contaba sólo 6 años de edad, así como la habitación de María Antonieta. Las habitaciones de Francisco José están en otra parte del palacio y desde la mesa de su escritorio, este emperador que gustaba llamarse a sí mismo el "primer funcionario", administró minuciosamente los asuntos de estado durante 68 años. Sus gustos espartanos quedan patentes en el baño privado, aunque se concedió un par de lujos: un cenicero y una librería en el aseo contiguo. Los gustos de su mujer Elisabeth (Sisí) eran mucho más lujosos, como puede verse en su cuarto de baño a la última con bañera de mármol, ducha y un gancho para proteger del agua sus largas trenzas.
Además de las dependencias imperiales, dentro del palacio destacan el Patio de Honor (Ehrenhof), el Teatro del Palacio (Schlosstheater), la famosa escalera azul y el Museo de Carrozas (Wagenburg).
El parque del Palacio de Schönbrunn (Schönbrunner Schlosspark), con alrededor de 120 hectáreas, fue abierto al público hacia 1779 y desde entonces se ha convertido en un área recreativa para los vieneses. Llama la atención la estricta simetría de la arquitectura, que se complementa perfectamente con los jardines llenos de fuentes y estatuas, rodeada de vegetación y senderos. Los jardines están formados por laberintos de complicado recorrido, obeliscos, lagos y glorietas, como la diseñada por Ferdinand von Hohenberg, levantada en 1775. Dentro del jardín se puede disfrutar de un zoo en forma de pabellón octogonal, el más antiguo del mundo (creado en 1752 por Francisco I de Lorena, esposo de María Teresa), la Casa de las Palmeras, que cumple funciones de invernadero tropical, o la Casa de las Mariposas.
La verja de entrada del castillo de Schönbrunn está enmarcada por dos obeliscos coronados por las águilas napoleónicas. El emperador francés las hizo colocar durante sus dos estancias en Viena, tras entrar en la capital del imperio austro-húngaro después de ganar las batallas de Austerlitz, en 1805 y Wagram, en 1809. Napoleón se hospedó en la misma habitación que la emperatriz Maria Teresa utilizó durante su reinado.
Por último, hay que destacar la oferta cultural que brinda además el Palacio de Schönbrunn, con los conciertos interpretados por la Orquesta de Schönbrunn, así como las representaciones de La flauta mágica, de Mozart, en el Teatro de Marionetas de este palacio de Viena.
