Opera Nacional

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Opera Nacional de Viena

Para los visitantes de Viena amantes de la opera, asistir a una representación en este edificio es un sueño hecho realidad. Cada día, hay una actuación diferente por los que pueden acudir a diario durante su estancia en la ciudad.

Teatros Viena La Opera Nacional de Viena es uno de los lugares más emblemáticos de la capital austríaca y uno de los teatros de ópera más prestigiosos del mundo. La temporada dura diez meses, con unas trescientas actuaciones anuales y una programación que cambia cada día. Esto le da tal prestigio que no hay ninguna estrella a nivel mundial que aún no se haya escuchado allí.

Si no se tiene interés en ver un espectáculo de ópera, se puede acudir a una visita guiada por el edificio. Existen visitas en diferentes idiomas y horarios, que se pueden consultar en la misma Ópera. No es necesario acudir con mucha antelación para poder acceder a esta visita donde se cuentan interesantes historias y se muestran sus entresijos entre bastidores.

El edificio es neorrománico y se inauguró el 25 de mayo de 1869 con el Don Giovanni de Mozart. Aunque en la actualidad resulte impresionante lo cierto es que su nacimiento estuvo marcado por las tragedias. Fue el primer edificio público sobre el Ring (Anillo), lo que le regaló numerosas críticas, críticas que crecieron cuando se hizo público que el suelo estaba por debajo de la Ópera Garnier de París. Como consecuencia, sus dos arquitectos, Siccardsburg y Van der Nüll, murieron por un infarto y un suicidio respectivamente.

A Francisco José le impresionó tanto la muerte de los arquitectos que nunca más se atrevió a criticar su obra. Desafortunadamente, durante la II Guerra Mundial los aviones estadounidenses confundieron su tejado con el de la estación de tren y lo bombardearon destruyendo gran parte del edificio, Sólo la fachada, la escalinata principal, el foyer de Schwind y el salón de té sobrevivieron al bombardeo. Posteriormente se procedió a la reconstrucción del resto de cavidades cuyo diseño pertenece a los años cincuenta. Lo más nuevo del teatro son los escenarios que han sido agrandados para facilitar las labores de atrezzo y decorados que se cambian dos veces al día para poder ofrecer un repertorio diario. Así la ópera vienesa puede gozar de su magnífica reputación llegando a ofrecer unas trescientas actuaciones anuales para un aforo de 2.200 plazas.

Otra de las características que hacen tan singular a este teatro es su magnífica acústica, así como la sensación de intimidad que crea en muchos oyentes. Es una acústica que mima las voces, que las hace fluir blandamente, que ayuda a extraer de ellas sus mejores resonancias, y todo eso a despecho de la amplitud del recinto (un fenómeno similar al Liceo de Barcelona). Además, como en el propio gran teatro catalán, con sus pisos cuarto y quinto, las mejores localidades son las centrales de "Stehplatz" de último piso, las más cercanas a la bóveda superior del coliseo, aunque haya que sentarse en el suelo o permanecer de pie. Curiosamente estas entradas son las más económicas, pero están muy demandadas por su alto valor musical.

La Opera Nacional de Viena alberga en su interior diversas instituciones musicales que son las que alimentan el prestigio de esta ópera gracias a su intenso trabajo diario. La que reporta mayor orgullo a los vieneses es la Filarmónica de Viena, enorme plantilla orquestal dotada de más de doscientos músicos de excepcional nivel técnico, pronta a atender simultáneamente los compromisos adquiridos en el foso de la Staatsoper y en las salas de concierto. Además, aunque menos conocidos que su hermana instrumental, cabe reputar como excelente al Coro de la Ópera y al cuerpo de baile.

Museo de la Opera

Fotografías, trajes, modelos de escenarios, programas e interesantes documentos que rememoran la historia de este famoso lugar. La exposición permanente “Ópera del Estado de Viena – 140 años de la Casa del Ring, 1869-2009” comienza con el primer director de la nueva casa de la ópera, Franz Freiherr von Dingelstedt, y termina con Ioan Holender, quien la dirigió durante más tiempo que cualquiera de sus predecesores. Además, se puede encontrar información en tres terminales sobre cualquier representación de los últimos 50 años: cantantes, directores de orquesta, directores, diseñadores de escenarios y trajes vuelven a ser reales, al igual que los escenarios de las representaciones.

Historia

La construcción de la entonces llamada Ópera Imperial se efectuó entre 1861 y 1868, siendo sus artífices los arquitectos August de Sicarburgs y Eduard van der Null, a partir de unos solares cedidos por la administración municipal en la zona de la Ringstrasse (literalmente Calle del Anillo), donde vendrán a confluir buen número de edificios significativos, de fisonomía ecléctica, como son el Parlamento, el Ayuntamiento, la Universidad o el propio Burgtheater.

Aunque en un principio su arquitectura sufrió grandes críticas, su calidad musical disipó estas para pasar a ganarse el primer puesto a nivel mundial en cuanto a actuaciones operísticas por su renovada y variada oferta lírica. Resulta elocuente la simple mención de algunos de sus directores musicales, entre los que cabe destacar nombres de la envergadura de Gustav Mahler, Franz Schalk, Richard Strauss, Felix Weingartner, Clemens Krauss, Herbert von Karajan, Lorin Maazel o Claudio Abbado.

La historia de esta institución recuerda especialmente los duros momentos vividos tras las dos guerras mundiales que definieron el siglo XX y la historia de la Opera de Viena. Tras la Primera Guerra Mundial, la ópera y sus artistas quisieron seguir con la vida rutinaria y las funciones. El novelista Stefan Zweig recreó con gran acierto estos duros momentos: "Jamás olvidaré las funciones de ópera de aquellos días de terrible penuria -la cita es de George R. Marek-. Uno caminaba a tientas entre calles oscuras; había que reducir la iluminación por falta de carbón. Por un billete para la galería se pagaba una suma que años antes hubiera alcanzado para el abono de una temporada en un palco de lujo. Nadie sabía si sería posible continuar con las representaciones durante la semana siguiente, pues la devaluación podía ser aún mayor y quizá no entregaran más carbón. Los hombres de la Filarmónica eran como sombras grises, con sus trajes de etiqueta raídos, pálidos y demacrados por las privaciones, como fantasmas en una sala que también se había tornado fantasmal. Pero entonces, el director levantaba la batuta, se alzaba el telón y todo era glorioso como antes. Cada cantante, cada músico, daba lo mejor de sí, pues todos pensaban que quizá era aquella la última vez que actuaran en el teatro que amaban".

La identificación del pueblo austríaco con su Ópera Nacional quedó sobradamente probada después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, durante la que había quedado derruida por los bombardeos aéreos. Su reconstrucción fue juzgada asunto de máximo interés nacional, mientras tanto, las funciones continuaron ofreciéndose en el Teatro an der Wien (el mismo en el que Mozart estrenara "La flauta mágica"). Se construyó un edificio nuevo sobre el mismo suelo, y su actividad fue reemprendida con normalidad, a partir de 1955, tras su reinauguración con el montaje del "Fidelio" de Beethoven que confirmó que la Opera de Viena seguía elevando la lírica a su máximo nivel. En dicho coliseo se habían estrenado obras emblemáticas como el estreno de "Ariadna en Naxos" (en su versión definitiva) o "La mujer sin sombra", ambas de Richard Strauss.

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