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Por el Atomium han pasado personajes tan populares como Walt Disney o Charle Chaplin cuando se inauguró para la Exposición y actualmente es un punto turístico ineludible para los visitantes de la ciudad y un lugar habitual para las fotografías de las bodas en Bruselas. Cerca de medio millón de personas al año visitan este monumento.
Representa una molécula de acero, con sus 9 átomos aumentados 150.000 millones de veces. Tiene una altura de 102 metros y un peso de 2.400 toneladas. Fue diseñado por el arquitecto André Waterkeyn y trabajaron en él 15.000 personas, durante tres años hasta finalizar el monumento. Se encuentra a las afueras de la ciudad, en el barrio de Heizel, dentro del Bruparck, y junto al estadio de fútbol y al parque Mini-Europe.
Las nueve grandes esferas unidas por tubos que componen el Atomium, están dispuestos en la configuración de un sistema cúbico central. Estas esferas, con un diámetro de 18 metros, se ajustaron a cabo por los arquitectos André y Jean Polak. Para subir a la esfera más alta es necesario utilizar el ascensor, lo que puede implicar esperar largas colas en temporada alta y fines de semana. Todo ello a pesar de ser el ascensor más rápido de Europa, con una velocidad de 5 metros por segundos. Una vez arriba, se puede disfrutar del restaurante Chez Adrienne y de las estupendas vistas sobre el barrio de Heizel.
El resto de las esferas ha de visitarse subiendo y bajando escaleras y accediendo por los túneles que las unen, como si de una nave espacial se tratara. No todas las esferas se pueden visitar, sólo las que están preparadas con exposiciones o como mirador, pero la audioguía en castellano da la información necesaria para hacer el trayecto correcto.
La esfera de la base, llamada Henri Storck ámbito, tiene una exposición permanente dedicada a los años cincuenta: Expo 58: la exposición, donde se puede curiosear los documentos archivados de la época, las películas y modelos a escala de varios de los pabellones que se construyeron para tal evento. Hay otra esfera dedicada a exposiciones temporales denominada Marcel Broodthaers en honor de uno de los artistas belgas más prominentes del siglo XX. En la esfera central, Waterkeyn, también se puede tomar un aperitivo. Existe una esfera de los niños, pero no está abierta al público, solo se puede ver desde fuera. Está preparada para que los niños, grupos escolares sobre todo, puedan dormir allí.
En el año 2004 el Atomium de Bruselas sufrió una importante restauración que costó 27,5 millones de euros, financiados por el Gobierno belga, el Ayuntamiento y varias empresas mecenas. Las brillantes esferas, de dieciocho metros de diámetro cada una, estaban recubiertas por una capa de aluminio que fue deteriorándose. Ahora se las ha dotado de una cobertura de acero inoxidable. Esas esferas van interconectados por tubos equipados de escaleras mecánicas, que también han sido recubiertos. Los viejos paneles de aluminio han sido vendidos en buena parte como recuerdos. Se ha elegido el acero inoxidable porque permite mayor resistencia a la corrosión, mejor aislamiento respecto al ruido de golpes, menor incidencia de la polución, mayores posibilidades de mantenimiento y una buena consecución del efecto de “multiespejo”
Las nueve esferas que lo componen relucen de forma cegadora, cuando el sol se refleja en su superficie curva. Su deslumbradora belleza no es menos atractiva en la noche belga; su moderna construcción, parece escapada de un cuento de ciencia ficción. La iluminación exterior nocturna se realizó colocando pequeñas armaduras luminosas y circulares, a unas distancias regulares de 1,50 metros, por todo el contorno de cada esfera.
Estas luces se encienden y se apagan continuamente y dan la impresión de puntos luminosos que se encuentran en las intersecciones de los círculos grandes, lo que da al espectador una impresión de pulsación luminosa en diferentes puntos de la esfera. La idea de esta iluminación fue la de imaginar la rotación de electrones alrededor de cada átomo del cristal de hierro. Quienes se conformen con ver sólo el exterior del Atomium deberían ir al anochecer cuando la puesta de sol refleja los hermosos colores de la estructura de acero y después, con la oscuridad, empiezan a marcarse las luces de este monumento de Bruselas.
En palabras de André Waterkeyn, su constructor, ya fallecido: “El Atomium es el símbolo de nuestra época, en la que los científicos han profundizado nuestros conocimientos sobre la materia. Han demostrado que se trata de energía condensada, utilizable si así lo desean los hombres, para el mayor bien de la civilización y para provocar en los jóvenes vocaciones técnicas o científicas. Si esto se realiza, el esfuerzo no habrá sido en vano”.
