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El Centro Belga del Comic es uno de los museos más visitados de Bruselas, lugar imprescindible para los admiradores de los grandes dibujantes belgas, y está situado en uno de los edificios más representativos de la arquitectura modernista de Victor Horta, un bello edificio amplio y luminoso. El museo fue inaugurado en 1989 y por él pasan anualmente casi 300.000 personas. Sus 4.000 metros cuadrados han albergado más de 120 exposiciones temporales, más de 200 autores cada año y ha conseguido recopilar unas siete mil planchas originales.
Bélgica ha sido históricamente un país muy ligado a la llamada literatura dibujada y allí nacieron varios grandes autores de cómic, entre los que se destacan Morris, el creador de Lucky Luke, y Hergé, el padre del mundialmente famoso Tintín. Es, en Bruselas y en su periferia, donde se encontraban los creadores del cómic de la Edad de Oro: Jijé (Blondin y Cirage), Edgar P. Jacobs (Blake y Mortimer), Jacques Martin (Alix), Roba (Boule y Bill), Morris (Lucky Luke), Peyo (Los Pitufos). Lo mismo sucede con muchos autores contemporáneos: Midam (KidPaddle), Tome y Janry (El pequeño Spirou), Yslaire (Sambre) o Schuiten (Las Ciudades Oscuras).
Es Bruselas quien ve nacer la primera escuela de cómic europea: el Instituto Saint-Luc en Saint-Gilles (1968), también cabe destacar la ERG (École de Recherche Graphique - Escuela de Investigación Gráfica) en Ixelles. También hay sitio en Bruselas para el cómic independiente, representado por editores bruselenses de calidad como Frémok, La 5e couche y L’employé du mois.
El año 2009 Bruselas ha celebrado por todo lo alto los 20 años que lleva funcionando el Centro Belga del Cómic y los 40 años de la primera promoción de la sección de cómic de Saint-Luc. Para ello se han celebrado varias exposiciones especiales, en varias salas de la ciudad e incluso se ha creado un sello de correos conmemorativo y se ha editado un libro.
La visita al Centro Belga del Comic de Bruselas comienza en la planta baja, en la sala de Victor Horta, de acceso gratuito, y que rinde homenaje al gran arquitecto modernista belga que construyó este edificio en 1906 para que sirviese de almacén textil al barón Charle Waucquez. Después de conocer esta sala, el mundo del cómic pasa a ser el protagonista con salas plagadas de divertidas estatuas de héroes de las caricaturas, como el capitán Haddock y una copia del “cohete a la luna” de Tintín. Una excelente galería explica, de la A a la Z, el momento en que artista y guionista conceptual izan la historieta, cómo se hacen los bocetos en blanco y negro, cómo los diseñadores gráficos los organizan en tiras y los pasos en que los pintores colorean con técnicas que van de la acuarela hasta las plumas con punta de fieltro.
Otra galería representa la evolución de la historieta, desde sus humildes principios en Estados Unidos, a finales del siglo XIX, cuando fue creada por los periódicos dominicales como un novedoso instrumento de venta pues los lectores compraban las sucesivas ediciones semanales para seguir las aventuras de los personajes dibujados. Ocupan un lugar relevante las décadas de 1920 y 1930, cuando se lanzaron en Bélgica las revistas dedicadas exclusivamente a las tiras cómicas como Spirou, la revista de Tintín, y Pilote. Y finaliza esta galería con el resurgimiento del gusto por el cómic actual, en el que Bruselas probablemente sea la ciudad con la proporción más grande en el mundo de artistas dedicados a las historietas tanto para niños como para jóvenes y adultos.
Hay una sección entera del museo dedicada a Tintín, donde pueden apreciarse los cambios en los dibujos de Hergé a través del tiempo, así como la creciente sofisticación de sus temas, como Tintín y los Pícaros o Tintín en el Tíbet. La mayor parte de los dibujos originales para historietas se arrojan al cesto de la basura una vez que se imprimen. Sin embargo, el centro ha logrado reunir una colección de más de siete mil dibujos originales. Como son frágiles y no pueden exponerse a la luz del día por demasiado tiempo, su exhibición se rota en el Espace Saint Roch. Y siempre hay una exposición temporal, entre las que destaca la que se dedicó en 2008 a los Pitufos con motivo de su 50 cumpleaños.
Todos los textos del museo están en francés, neerlandés y algunos en inglés, pero se puede adquirir una guía con traducción de los textos en la entrada. La sala de lectura de la biblioteca tiene una amplia colección de cómics en más de 15 idiomas por lo que resulta también muy interesante de visitar.
Como complemento de la visita al museo, existe una ruta por toda la ciudad, dedicada a los personajes de los cómics belgas. Se puede hacer por cuenta propia, una estupenda manera de descubrir las calles de Bruselas, o en un recorrido de los que organiza el Centro Belga del Cómic. Si no hay tiempo para hacer toda la visita, hay algunos murales que merece la pena conocer como el situado en la calle de la Buanderie, donde está Lucky Luke durante el atraco a un banco, o el de la calle de Flandre donde se encuentra Cubitus, un perrito blanco que quita la estatua del famoso Manneken Pis de su pedestal para posar él mismo orinando. Por el mercado de Jeu de Balle, en la calle des Capucins, hay un mural de dos personajes poco conocidos de Hergé, Quick y Flupke, y un segundo que representa dos héroes políticamente incorrectos de 1930, Blondin y Cirage.
