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Arquitectura en Copenhague

Copenhague es principalmente una ciudad de edificios bajos dispuestos en una armonía ejemplar. Los campanarios de las iglesias añaden su particular pincelada y sólo unos pocos hoteles de moderna construcción rompen la línea del cielo. Es una ciudad bien organizada y hecha a medida de sus habitantes.

Viajes NullSin embargo, lo bueno de Copenhague es que no deja de ser una metrópoli. En la ciudad vive un millón y medio de personas, la quinta parte de la población de Dinamarca. La arquitectura Copenhague demuestra que esta ciudad es el centro de la vida política y cultural del país y su inigualable atmósfera, se debe a los habitantes de Copenhague, que son gente poco convencional a la vez que muy respetuosos con cualquier forma de cultura o conocimiento.

La historia de Copenhague, plagada de caprichosos de reyes, terribles incendios o destructivos bombardeos, Copenhague han conseguido que la capital danesa, haya pasado sus últimos quinientos años en constante renovación arquitectónica. Hoy en día, es un mosaico ecléctico de construcciones que impacta por su mezcla nada convencional de estilos.

Un breve paseo por Cristianhavn, el barrio central, basta para descubrir castillos renacentistas de ladrillo rojo y cúpulas verdes de cobre patinado junto a iglesias neoclásicas de mármol blanco; más allá, a las orillas del malecón del Frederiskholms Kanal, la línea de casas coloridas de techos de dos aguas abre paso a un edificio de apartamentos, Lagkagenuset, que en 1930 inauguró la época modernista de la ciudad.

En Copenhague uno tarda en acostumbrarse a los contrastes, como la antigua Biblioteca Real, obra de los mejores artesanos del siglo XIX, pues a su alargada nave de ladrillo rojo se le agregó en 1999 una extensión moderna, un monolito de acero y vidrio recubierto de granito negro traído de África que ahora es conocido como Den Sorte Diamand (El Diamante Negro).

Con sus ocho pisos, fachada de vidrio, pisos de madera de arce, muebles de piel y plástico negro, este nuevo edificio destinado a ser biblioteca, sala de exposiciones, restaurante, sala de lectura y un homenaje a la herencia cultural del país es considerado actualmente la joya de la corona de la arquitectura danesa, no sólo porque fue diseñado por el despacho de arquitectos de Schmitd, Hammer & Lassen, que desde mediados de los años ochenta le ha dado forma al estilo posmoderno de la ciudad, sino porque su impresionante fusión de tiempo y espacio se ha convertido en el paradigma de la vanguardia constructiva danesa.

El mismo armonioso contraste se observa en Ny Carlsberg Glyptotek, el museo de arte. Este edificio de inspiración neoclásica construido en 1906, con columnas de mármol y un hermoso Jardín de Invierno bajo cuya cúpula de cristal crecen plantas subtropicales, de pronto se transforma: nuevamente el acero, los amplios ventanales a manera de techo y los pisos de mármol blanco son el envoltorio de la sorpresa. Este sutil logro es obra de Henning Larsen, el arquitecto estrella de la arquitectura funcional danesa y artífice de esta ampliación de la gliptoteca en 1996.

Si estos ejemplos pueden ser suficientes para decir que Copenhague tiene una extravagante manía constructiva con cierta irreverencia, la revisión histórica no ayuda mucho a cambiar esa concepción. Todo en esta ciudad se ha erigido a causa de verdaderas excentricidades personales, como la del obispo Absalón, un cruzado insigne que previendo la ubicación estratégica en el estrecho fronterizo con Suecia construyó en 1167 una fortaleza al lado de un pequeño puerto de pescadores, propiciando así su crecimiento e indirectamente su transformación en el principal puerto comercial de Escandinavia.

O como la del rey Cristián IV, quien, decidido a embellecer su reino, dio rienda suelta a su imaginación, y a su bolsillo, y entre 1588 y 1648 construyó castillos de estilo renacentista, decorados lujosamente con jardines inspirados en el barroco parisino, como el castillo de Rosenborg, observatorios astronómicos de ladrillo rojo intercalado por cuyos pasillos subieron después, con todo y carruaje, Pedro el Grande y su emperatriz, la Torre Redonda, o edificios comerciales decorados con ornamentos en piedra arenisca y cúpulas de cobre en forma de aguja como si fueran cuatro colas de dragón entrelazadas, la Bolsa de Valores de Copenhague.

Otra excentricidad digna de mención, cuando se habla de la arquitectura Copenhague es la protagonizada por el empresario naviero y petrolero A.P. Moller, que en 2004 decidió regalarle al pueblo danés un edificio de 2.5 billones de coronas, más de 40 mil millones de dólares, para espectáculos de ópera y ballet.

La construcción de la Casa de la Ópera, Operaen, en la isla de Holmen, justo frente a la emblemática estatua de La sirenita, es un edificio diseñado por Henning Larsen, con un largo y aplanado techo y, debajo, una redonda rejilla de vidrio y metal que protege el auditorio y el vestíbulo de mármol siciliano. La plaza frontal tiene escaleras que se internan en el canal y son de pavimento de granito chino.

Copenhague es hoy día un mapa donde los arquitectos nativos y extranjeros más reconocidos han dejado y dejarán su huella. Apenas en 2004 el americano Daniel Libeskind, ahora encargado del proyecto del nuevo World Trade Center en Nueva York, concluyó The Danish Jewish Museum o Mitzvah, ubicado dentro de un edificio histórico: la Casa Real de Puerto, un arsenal que data del siglo XVII y al que se accede por el patio interior de la vieja Biblioteca Real.

Norman Foster, el inglés autor de la restauración del Reichstag alemán y premio Pritzker de Arquitectura en 1999, comenzó a construir en 2003 la nueva Casa del Elefante y las rejas del Zoológico de Copenhague, ubicado a un lado del Frederiksberg Palace. La Casa del Elefante, una estructura de 1914, alberga un grupo de paquidermos de la India, los más famosos de los casi tres mil animales que habitan este parque, pero su nueva casa es una estructura con dos aberturas cubiertas de domos de vidrio y rampas que corren alrededor de los domos para el disfrute de los visitantes. Una excusa más para visitar el zoológico al viajar Copenhague.

En uno de los barrios emergentes de la ciudad, el francés Jean Nouvel, creador de la Ópera de Lyon en 1993, construye la nueva Sala Sinfónica de Copenhague, un proyecto de más de setenta y dos millones de dólares para la National Broadcasting Company, un misterioso paralelepípedo que cambia de ambientes con la luz del sol y la noche, y que tendrá vida nocturna con proyecciones de imágenes en sus fachadas de filtros diáfanos.

El nuevo puerto

Como si fuera un imán, el puerto de Copenhague ejerce su propio atractivo. La larga y descuidada línea de almacenes, casas viejas, algunas del s. XVII, y muelles que hasta hace unas dos décadas eran comunes, han sido restaurados con nuevos usos. Un cierto aire bohemio se ha apoderado de los muelles, donde cafés de decoración minimalista, bares con exaltaciones vikingas y otros lugares para disfrutar la música son ya mayoría.

Uno de esos almacenes, Gammel Dok Pakhus, que data de 1882, se ha convertido en el Dansk Arkitektur Center un lugar para exhibiciones, conferencias, con restaurante y talleres, que cada domingo del verano ofrece paseos arquitectónicos gratuitos por los alrededores, en danés e inglés. El almacén, situado justo frente al puerto, tiene un techo colosal que contiene tres niveles de áticos y dos balcones de vidrio orientados hacia el canal.

Su historia, caprichosa y sinuosa, es también una de las razones para considerarlo un sitio emblemático, pues desde ahí el rey Cristián IV mandó retrazar la ciudad y ordenar el viejo puerto. Primero le presentaron un proyecto de ocho calles diagonales que salían de la plaza principal, pero como no le gustó, pidió que se hiciera una nueva versión en cuadrícula.

Por fin, el Cristianhavn, el puerto de Cristián, permitiría mover mercancías mucho más rápido, y pronto fue el centro de un barrio de comerciantes y marinos, donde aún hoy pueden verse las casas más representativas de la época, como la 52 y la 56, que datan de 1688 y pertenecían al mayor Mikel Dibes Gaard, según una inscripción, ya un poco borrosa, en el marco de la entrada.

Si por sí mismos los canales son el orgullo de la ciudad, la bulliciosa vida bohemia que ha comenzado a proliferar a sus orillas sólo puede entenderse a partir de la restauración integral de las mismas. Lo mismo puede uno caminar por los alrededores de los apartamentos del Unicornio, Enhjorningens, en las calles de Overgaden neden Vandet y Wildersgade, ahora muy populares entre los daneses, y de repente encontrar alcantarillas y postes de luz diseñados por Henning Larsen en su muy funcional estilo, o descubrir que el pavimento es de granito chino color amarillo y que se le hizo viajar desde allá para que no desentonara con el original.

El área solía ser un viejo atracadero de barcos pero, tras la restauración integral del puerto, a finales del siglo XX, ahora es una zona de paseo para los nativos y los turistas. Muchos otros almacenes a lo largo de Cristianhavn se han restaurado para usos de oficinas y casas, la mayoría con un sofisticado uso de materiales como acero y vidrio, aunque algunos han usado cobre para combinar con el tono verde pátina que destaca en la arquitectura de Copenhague .

Es el caso de las oficinas centrales de Nordea, justo a la vuelta de los edificios del Unicornio. Un complejo de tres edificios de seis pisos, cuya arquitectura está ornamentada con grandes ventanales de vidrio negros cubiertos de rejillas de cobre que con el tiempo se harán verdes por su proximidad con el agua salada.

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