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La Catedral de Santiago de Bilbao cuenta con elementos arquitectónicos de gran belleza como el coro y el claustro, construido este último en gótico florido. La cripta está construida en lo que era la ermita original, aprovechando los muros de la misma como parte de su construcción. Tiene dos pórticos, uno renacentista y otro neoclásico. Tras las devastadoras inundaciones de 1983, cuando las aguas del Nervión invadieron todo el Casco Viejo bilbaíno y anegaron la Catedral, se actuó en todo el conjunto, reparando y limpiando los interiores y exteriores dañados por la riada. Las actuaciones se prolongaron hasta el año 2000. Como resultado de esta restauración, la Catedral presenta hoy un perfecto estado de conservación y es muy interesante su visita.
La iglesia actual, que comenzó a ser construida en el último cuarto del siglo XIV, no es la primitiva. Antes de que Bilbao recibiera la carta puebla ya existía en el lugar un pequeño templo dedicado a Santiago, rodeado de una necrópolis, según se comprobó en los trabajos arqueológicos. La fundación del núcleo urbano en 1300 atrajo a la población del entorno rural y la vieja iglesia debió de quedar pequeña por lo que se amplió hacia la cabecera. No obstante, la obra fue efímera ya que en 1374 fue arrasada por un gran incendio. Este hecho provocó la intervención del Papa Gregorio XI, quien concedió indulgencias a quienes colaboraran económicamente en su reconstrucción.
Las obras del templo que hoy se conserva se iniciaron entonces y aunque la planta en estilo gótico ya estaba configurada en 1404, los trabajos continuaron a lo largo del siglo XV, cuando hacia 1460-70, se abrió el acceso meridional, e incluso en el siglo XVI, con la construcción del claustro, la puerta del Ángel, la sacristía y el pórtico.
El edificio reparte su espacio en tres naves de tres tramos: crucero alineado, tramo de presbiterio, Capilla Mayor y, por detrás de ésta, girola a la que se abren capillas, como también a los flancos de las naves laterales. Al Norte se adosa un claustro cuadrado y al Sur un gran pórtico de trazado irregular, más bien triangular, abovedado sobre gruesos pilastrones cruciformes. La torre, con su apuntada aguja, se dispone formando parte de la fachada de los pies del templo, en contacto con la sacristía, que lleva encima las casas y oficinas parroquiales.
En el interior de la Catedral de Santiago de Bilbao lo tramos y naves están definidos por pilares redondos que llevan adosadas columnillas, respondiendo a los arcos generatrices de la bóveda y a los nervios que conforman ésta, que por lo general, son dos cruceros convergentes en una clave aunque hay también diseños en estrella, terceletes, en el tramo central del crucero y Capilla Mayor. Las capillas, de uso privado en origen, unas rectangulares y otras pentagonales, se cubren también con crucería pero no hay uniformidad, predominando en las de la girola el sistema radial a una clave.
Entre la nave mayor y el crucero con sus brazos se establece un notable escalonamiento que apenas es apreciable desde fuera dado el trazado de las calles del Casco Viejo y la presión de las propias casas sobre la iglesia. En cambio es muy evidente el escarpe por el interior, tanto que permite abrir por encima de las naves bajas dos registros de vanos: uno opaco que es un pasillo o galería de arquillos, triforio, vaciado en los muros que definen la nave mayor y otro traslúcido, una línea de amplias ventanas, apuntadas y redondas decoradas con tracerías que responden a diversos diseños.
El claustro (construido en la primera década del siglo XVI) presenta un jardín cuadrado comprimido por cuatro crujías abovedadas con crucería y asomadas al patio a través de grandes ventanales enriquecidos con tracería flamígera. Se accede a él desde el interior de la iglesia y desde la calle Correo por la portada del Angel (San Miguel), llena de informaciones decorativas del último gótico. Su conopio enmarca una venera o concha de peregrino, reflejo de la tardía incorporación de esta iglesia a la tradición jacobea. Toda la parte de la plazuela de Santiago, es decir la fachada con su acceso y torre, son el resultado de un replanteamiento moderno en estilo neogótico. En la década de 1880 se ocupaba de esa área el arquitecto Severino de Achúcarro, quien desechó la torre vieja neoclásica, el acceso clasicista con su frontispicio y el gran ventanal gótico que éste protegía. Tampoco el pórtico responde al estilo gótico medieval de la iglesia ya que se trata de una obra tardía, renacentista y barroca, en torno a 1585 los pilastrones y 1686 las bóvedas. Sus principales valores residen, aparte de la nobleza de su estilo, reflejada en soportes, ventanales y bóvedas, en su propio planteamiento, sobre todo por la originalidad de la girola, que se reparte alternativamente en tramos rectangulares y triangulares, y por el triforio, que establece parentesco de familia con varias iglesias del País Vasco: Gernika, Lekeitio, Portugalete, San Antón de Bilbao, etc.
A comienzos del siglo XIX se perdió el gran retablo renacentista realizado en 1533 por Guiot de Beaugrant, pero la sacristía y las capillas del Pilar, el Cristo del Amor y Santa Lucía conservan piezas suyas: Padres de la Iglesia, Virgen del Pilar, Santa Lucía y Santo Cristo, todas muy expresivas. Además, en diferentes lugares de la iglesia se recogen otras piezas escultóricas de alto interés, como un San Antón hispanoflamenco y un San Diego de Alcalá, barroco. La reciente recuperación de las capillas ha procurado conservar el mobiliario de retablos barrocos y sepulcros labrados, éste último un capítulo relativamente generoso, con piezas interesantes tanto góticas como renacentistas. La talla en madera de Santiago, titular de la iglesia-catedral, es de Pérez Comendador, 1956. Para poder ver el rico ajuar litúrgico y la orfebrería, hay que acercarse al Museo de Arte Sacro, en Atxuri, situado en lo que fue el convento de la Encarnación en Bilbao.
