Palacio Foral de Vizcaya

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Palacio Foral de Vizcaya

Este edificio ubicado en la Gran Vía, de aspecto sólido y majestuoso llama la atención de cualquier visitante de la villa. Situado en una de las zonas más céntricas y activas de Bilbao es una visita ineludible donde se puede admirar el gusto exquisito de finales del siglo XIX y principios del XX.

Monumentos Bilbao El Palacio Foral de Vizcaya fue inaugurado el 1 de julio de 1990 según el diseño, ecléctico, del arquitecto Luis Aladrén. Es la sede principal de la Diputación Foral de Vizcaya y destaca sobre todo su fachada principal, profusamente decorada. Si se tiene la oportunidad de pedir una cita para una visita guiada, se podrá admirar su fastuoso interior, en torno a la Escalera de Honor y que cuenta con un elegante mobiliario, pinturas murales y una rica decoración, incluida una interesante colección de pintura.

Arquitectura

La fachada principal del edificio se abre a la Gran Vía, y de ella sobresale un cuerpo central que incluye un porche de entrada, sobre el que se dispone una balconada tipo palco, destinada a presidir actos y acontecimientos públicos. En lo alto de este cuerpo central existe un escudo como remate superior. También pueden apreciarse tres grandes puertas provistas de sólidas y artísticas verjas de hierro, con decorado dorado y que dan entrada al vestíbulo principal o primero de la planta baja. Este vestíbulo es todo de piedra y en él puede contemplarse un grupo escultórico de Higinio Basterra, que trata de un homenaje a los vizcaínos que murieron en las campañas de África.

El segundo vestíbulo, o sea, el interior, ostenta unos elegantes mosaicos y precede a la Escalera de Honor que es el elemento arquitectónico más importante del edificio. En el arranque de la escalera pueden verse dos esculturas en piedra (La Pesca y la Industria) talladas por el cincel de Joaquín Lucarini. La escalera, de estilo imperial, es de mármol blanco de Italia y su balaustrada, de bronce, es una hermosa composición de bichas y hojarascas de dibujo original y excelente efecto. Comunica la planta baja con la planta primera o principal. Desde su primer descansillo, puede verse, una cúpula de cerca de treinta metros de altura, que corona el techo, a su vez, iluminado por una preciosa vidriera, al frente, titulada “Alegoría de Vizcaya”, de Anselmo Guinea.

En la planta principal se sitúan los salones del Palacio y allí se puede ver como los muros de la caja de las escaleras son sustituidos por robustas y bien proporcionadas columnas, cuyos pedestales son de mármol de Izarraitz (Azpeitia), los fustes de piedra de Fontecha y los ornatos y relieves de bronce aplicados sobre ellos. Entre los salones de esta planta destacan el Salón de Fiestas y Recepciones, de estilo Renacimiento; el Salón de Recepción del Presidente, de estilo Luis XVI; el Despacho del Presidente, de estilo moderno y el Salón de Sesiones, de estilo renacimiento moderno.En todos los salones mencionados merece la pena contemplar las pinturas, el tapizado y el mobiliario. En particular, hay que citar un triple juego de jarrones de porcelana y azur de Sevres, regalo de la Familia imperial francesa a la Diputación en 1.857, y que representan a Napoleón III, a la Emperatriz Eugenia de Montijo y a su hijo, nombrado “vizcaíno originario de preclara raza”.

Las pinturas, lienzos y paneles forman una verdadera pinacoteca, dentro del Palacio Foral de Vizcaya de Bilbao, con más de sesenta obras a admirar. Corresponden a varios autores, entre los que se puede citar, como muestra de la importancia de las obras, a los siguientes: Alvaro Alcalá Galiano, Juan de Aranoa, Alberto Arrúe, José Arrúe, Aurelio Arteta, Juan de Berroeta, José Echenagusía, Anselmo Guinea, Angel Larroque, Manuel Losada, Gustavo de Maeztu, Francisco Mendieta, Darío de Regoyos, Clemente Salazar, Elías Salaverría, Julián de Tellaeche, Genaro Urrutia o Valentín Zubiaurre.

Además de las plantas baja y principal, este edificio cuenta con sótano, una segunda planta, ático y sobreático.

Historia

La idea de construir el nuevo Palacio de la Diputación Foral de Bizkaia, se remonta a 1.883, debido a las limitaciones de la sede que, por entonces albergaba a la Diputación, en la Plaza Nueva de Bilbao, en donde permaneció desde 1.849.

Se abrió un concurso para encontrar los terrenos apropiados y los resultados del mismo se hicieron públicos en 1.885. Desechado el Casco Viejo, por problemas de espacio, se pensó en levantar el nuevo edificio frente a los Jardines de Albia. En 1.889 se cambia de idea y se abre un nuevo concurso, recibiéndose varias ofertas, de las que se aprobó, definitivamente, en 1.890, la correspondiente a la actual ubicación de la Gran Vía. Era el lugar en el que se encontraba la Torre de Arbieto, y muy cerca de ella, un roble centenario al que llamaban el “Árbol Gordo”. Este viejo roble murió en 1.882, tras dar sombra y cobijo a siete siglos de la historia de Abando, siendo, por consiguiente, testigo de la fundación de la Villa de Bilbao en el año 1.300.

El afamado arquitecto aragonés Luis Aladrén, afincado en San Sebastián, fue escogido para la realización de la obra, siendo una de sus pautas la solemnidad en el diseño, y su gran preocupación, la fachada. Y durante los diez años que duró la obra, de 1.890 a 1.900, el eclecticismo (estilo monumental con ciertas sugerencias medievalistas y toques de barroquismo) guió los pasos en la construcción. En 1.899, por razones de salud, fue sustituido en la dirección de las obras, por el arquitecto provincial Antonio Carlevaris, quien finalizó este emblemático edificio de Bilbao.

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