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La ciudad cuenta con numerosos vestigios que hablan de un rancio pasado que se va descubriendo al pasear por sus calles, y que hacen de los viajes Cuenca un interesante destino lleno de bellos lugares para explorar.
Los orígenes de Cuenca, es algo que aún hoy está por determinar. Unos creen que procede de la antigua Lobetum, y otros dicen que procede de la base de un antiguo castillo, llamado Conca, que por su situación militar, a veces pertenecía a los reinos moriscos de Sevilla y otras a los de Valencia.
La alcazaba Conca, fue levantada por los árabes en el siglo VIII y dependió, en un principio, de Almotámid de Sevilla. Los musulmanes la aprovecharon como emplazamiento defensivo de la Serranía. Fue cedida, como dote de boda de la Princesa Zaida, al casar con el Rey Alfonso VI, pero volvió a pasar otra vez a poder de los sarracenos, hasta que fue reconquistada definitivamente por Alfonso VIII en el año 1177, por el asedio y el hambre a que sometió a la ciudad hasta que esta se rindió.
El casco antiguo es el trazado medieval que caracteriza a la ciudad y comienza frente a la parroquia de Nuestra Señora de la Luz, a los pies del puente de San Antón. Aquí se inicia un recorrido de cuestas, escaleras y miradores que proporcionan bellas perspectivas. La fisonomía de estas calles sigue siendo la misma que en aquella época adquirieran.
Muchos de sus más nobles edificios mantienen hoy la condición que les dio origen: conventos en los que aún impera el silencioso rezo de sus monjas de clausura, templos en los que se renueva a diario la fe de los creyentes, casonas blasonadas en las que se mantiene viva la memoria, el Ayuntamiento soportado en arcos que se abren para acceder a la Plaza Mayor.
Otros, se han aplicado a preservar su incomparable patrimonio histórico y artístico como el Archivo Provincial, que antes fue cárcel y sede del Santo Oficio, el museo Diocesano, contiguo al Palacio Arzobispal, y la Fundación Antonio Pérez, en el que fuera Convento de las Carmelitas. Todos ellos merecen por sí solos viajar a Cuenca .
A unos 30 kilómetros de la capital comienza la Serranía de Cuenca, donde se puede admirar el singular paisaje de la Ciudad Encantada, compuesto por las curiosas formas que la erosión del agua y el viento han originado en las enormes piedras calizas, que recuerdan a objetos, animales o figuras humanas. Más al norte, se halla la Reserva de Caza El Hosquillo y la Estación Termal de Solán de Cabras, conocida por su manantial de aguas medicinales.
Estos pueblos serranos sirven de guía para descubrir el nacimiento del río Cuervo, un espectacular paisaje de cascadas. Siguiendo ruta por la provincia se llega a la comarca de La Alcarria, donde se encuentran localidades descritas en la obra del Premio Nobel de Literatura español Camilo José Cela “Viaje a La Alcarria”
El clima de Cuenca es mediterráneo continental, con temperaturas frías en invierno y suaves en verano, con una importante oscilación térmica diaria durante todo el año, más acusada en los meses de más calor. Las precipitaciones son más abundantes que en su entorno debido a la orografía montañosa de la Serranía de Cuenca.
La primera parada al llegar al Casco Antiguo de Cuenca puede ser la iglesia de San Felipe Neri, sobria construcción que adquiere protagonismo durante la Semana Santa, al cantarse en sus escalinatas el tradicional Miserere. Su interior se encuentra decorado con motivos barrocos y rococós. Al otro lado de la plaza del Carmen, subiendo, se llega a la plaza de Torre Mangana, antigua atalaya conquense y uno de los símbolos de la ciudad, visible desde casi cualquier punto. A un paso se encuentra el Museo de la Ciencia.
Antes de llegar a la Plaza Mayor se pasa por la plaza de la Merced, donde se encuentran buenos ejemplos del barroco conquense en su iglesia y convento de La Merced, y en el seminario mayor de San Julián. Ya en la plaza Mayor se alzan los arcos del Ayuntamiento y la Catedral gótica de Nuestra Señora de Gracia, edificada sobre una antigua mezquita. Su estructura alterna elementos góticos, renacentistas y barrocos, fruto de un largo periodo de construcción. Su monumental fachada inacabada acompaña a los balcones de madera y rejas de hierro forjado de las casonas nobiliarias de la plaza, cuyos bajos son ocupados por mesones.
Por detrás de la Catedral parte una calle que lleva a las Casas Colgadas, monumento emblemático de la ciudad, que datan del siglo XV. Una de las casas alberga el Museo de Arte Abstracto Español, uno de los mejores de España. Los balcones de madera de las Casas Colgadas cuelgan sobre el cauce del Huécar, y hay que cruzar el río para contemplar una de las mejores panorámicas. En esa ribera se encuentra el Parador de Turismo de la ciudad, el antiguo convento de San Pablo.
Volviendo al trazado urbano de Cuenca, en él se encuentran rincones llenos de encanto donde se dan cita pilones de agua, pequeños arcos y callejuelas. Entre la Catedral y las Casas Colgadas se pueden visitar, además, el Museo Provincial, en la Casa del Curato, el Museo Diocesano y el Palacio Episcopal.
Caminando hacia el punto más alto de la ciudad se pueden admirar interesantes construcciones religiosas como las iglesias de San Miguel, San Nicolás y San Pedro, y la ermita de Nuestra Señora de las Angustias. Merece la pena hacer este recorrido cuando ya ha anochecido y toda la ciudad se encuentra iluminada. Otra posibilidad es caminar por las Rondas, sendas que nos ofrecen las mejores vistas de las hoces y de la ciudad de Cuenca.
Una buena ocasión para acercarse a Cuenca es cuando se celebra la Semana de Música Religiosa, Fiesta de Interés Turístico Internacional, que tiene lugar durante la Semana Santa. Musicólogos, intérpretes y aficionados se dan cita en escogidos escenarios como el Auditorio de Cuenca, la iglesia de San Miguel o el Museo de Arte Abstracto Español.
La Semana Santa conquense es como en cualquier pueblo castellano, seria y cada paso está acompañado por los numerosísimos encapuchados de las cofradías. Las procesiones cobran una singular belleza al desfilar por las calles estrechas y empinadas de esta parte de la ciudad de Cuenca de ambiente medieval, lo que la convierte, igualmente, en Fiesta de Interés Turístico Internacional.
El 28 de enero se celebran en la Catedral y en la Ermita de San Julián actos religiosos en honor de San Julián, Patrón de Cuenca. Pero las ferias y fiestas en honor de este santo tienen lugar la última semana de agosto, aprovechando las vacaciones veraniegas y el buen tiempo.
Otras fiestas importantes para los conquenses son las del 2 de mayo, que se hacen hogueras, se cantan rondas, seguidillas y mayos. Y se celebra una Romería en la Ermita del Santo Labrador. El 1 de junio se festeja la Virgen de la Luz, patrona de Cuenca, en la Ermita de la Virgen. El 21 de septiembre tiene lugar la festividad de San Mateo. Es una fiesta que viene de antiguo, de la época del rey Alfonso VIII. Se corren vaquillas por las calles y hay gran ambiente gracias a las peñas. El Pendón Municipal se traslada desde la Catedral al Ayuntamiento.
La gastronomía conquense tiene origen rural y pastoril destacando los platos fuertes y calóricos como los gazpachos y las ollas, el cordero y la caza. Entre los platos típicos es imprescindible nombrar los “zarajos”, que consiste en tripas de cordero enrolladas en una ramita de sarmiento y asadas en el horno de leña. Otros platos típicos son el cordero al horno o a la brasa y el cuchifrito o el cordero a la caldereta., y el ajoarriero o atasacaburras. El plato por excelencia y el más conocido es el morteruelo, una especie de paté hecho a base hígado de cerdo rallado, carne de caza (perdiz y liebre), gallina, jamón serrano, manteca de cerdo, nueces y especias en abundancia (canela, clavo, alcaravia, pimienta y pimentón). Se come caliente y untándolo en rebanadas de pan.
Si se hace un viaje Cuenca hay que probar su reposteria más típica, como el alajú (a base de almendras, miel, higos y todo envuelto en una oblea), los pestiños o los pellizcos de monja procedentes de San Clemente y todo ello acompañado por el Resolí, licor típico de la zona, cuyos principales ingredientes son aguardiente, café, canela, esencia de corteza de naranja y azúcar. El municipio de Cuenca forma parte de la zona de producción de dos productos que sobresalen por su calidad: el queso y el azafrán.
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