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La Capilla Real fue encargada por los Reyes Católicos, para su propio mausoleo, a Enrique Egas quien la construyó entre 1505 y 1521. Ya que la Reina Isabel y el Rey Fernando murieron antes de terminarse la edificación, fueron enterados primero en el Monasterio de San Francisco en la Alhambra. La Capilla Real se encuentra entre la Catedral de Granada, el saliente de la antigua Lonja y la iglesia del Sagrario y es la última iglesia gótica que se construyó en España.
La Capilla Real fue construida en varias etapas, por lo que en ella acabaron confluyendo varios estilos: Gótico, Renacentista y Barroco junto a los más importantes artistas de cada momento. La Capilla tiene planta rectangular y cabecera poligonal, en alto se ubica la Capilla Mayor y en los laterales se encuentran cuatro capillas. Ya que se encuentra empotrada entre la Catedral y la Lonja, en el exterior sólo dispone de una fachada al descubierto, en estilo plateresco. Su arco semicircular lo encuadran pilastras con figuras de maceros y sobre el entablamento, con el águila bicéfala en el centro, el frontispicio, flanqueado de candeleros y con tres hornacinas que cobijan la estatua de la Virgen con el Niño flanqueada, a su vez, por las de los Santos Juanes.
Fue concebida como Panteón Real y como tal, Carlos V enterró allí a sus familiares, pero Felipe II tras finalizar El Escorial trasladó al panteón del nuevo palacio a todos sus antecesores, salvo a los cinco que aquí siguen descansando. La Capilla Real está construida con una sola nave, presbiterio ochavado precedido de gradas, crucero de escaso desarrollo y coro alto a sus pies. Es la capilla funeraria más grande de España, y resalta tanto su sencillez como su riqueza, por la generosa aportación de la Reina Isabel.
Sus muros están apoyados en contrafuertes que rematan floridos pináculos coronados con antepechos calados y con elegantísima crestería. Completan su decoración gárgolas y ventanales de sobria elegancia, y numerosas representaciones de los escudos y las iniciales de los Reyes Católicos. Su estilo arquitectónico se corresponde básicamente con el denominado gótico isabelino, añadiéndole los alardes ornamentales del flamígero. Sus estructuras arquitectónicas, realizadas con gran sobriedad, contrastan con la riqueza decorativa. Así, los muros lisos se contraponen con los adornos de las cresterías, de las bóvedas, de las portadas, de los motivos heráldicos y del friso azul que recorre la parte alta de los paramentos con esta inscripción en caracteres góticos.
En la cabecera del templo destacan, a ambos lados del presbiterio, dos pequeñas capillas con retablos dedicados a Santa Apolonia y a San Miguel respectivamente. Estos retablos cumplen la constante de barroquizar espacios concebidos y trazados en gótico. A ambos lados de la nave, se abren cuatro capillas, destacando la de la Santa Cruz. Esta capilla cerrada con una reja, centra frontalmente el eje de la puerta principal de la Capilla Real de Granada. Desde allí se comprende a importancia de este pequeño pero principal espacio. Su retablo barroco ocupa todo el fondo de la capilla hasta el arranque de las bóvedas góticas.
Los mausoleos de Isabel y Fernando son una obra del escultor florentino Domenico Fancelli concluida en 1517. De tipo exento según la tradición española, el sepulcro adopta la forma troncopiramidal. La figura yacente del Rey se singulariza por su militarización iconográfica. Luce armadura completa medio cubierta por un manto y las manos descansan sobre su espada. La cabeza del monarca es magnífica, presentando un rostro mórbidamente modelado. La figura yacente de la Reina está ataviada con sencillez recogiendo suavemente sus manos superpuestas sobre el cuerpo. Las claves de su iconografía fúnebre parecen haber sido la humildad y la honestidad, virtud ésta muy encomiada por sus contemporáneos.
El mausoleo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso es obra de tres escultores: Domenico Fancelli, Bartolomé Ordoñez y Pietro de Carona. Doña Juana presenta un bello rostro idealizado y va elegantemente ataviada a la moda borgoñona. Don Felipe luce armadura y dalmática bordada con los blasones de Austria, Borgoña, Flandes y de los reinos hispánicos, además de un manto con ancho cuello de armiño sobre el que destaca el collar del Toisón de Oro mientras que con ambas manos empuña la espada.
Bajo las tumbas hay una pequeña cripta de impresionante austeridad. En ella están depositados los féretros reales, de plomo, identificados por la inicial de cada nombre sobre la cubierta. En el centro, los de los Reyes Católicos sobre una plataforma de cantería. A los lados, sobre el poyo corrido que circunda el interior, los féretros de Dª Juana y D. Felipe y el pequeño ataúd del príncipe de Asturias, D. Miguel. En la pared frontal un pequeño crucifijo de madera de estilo gótico preside la Cripta. También estuvieron depositados aquí, antes de su traslado al Escorial en 1754, los cuerpos de la emperatriz, Dª Isabel de Portugal, de la princesa Dª María y de los infantes D. Fernando y D. Juan, hijos del emperador Carlos V.
En el rico panorama de la rejería española de finales del Gótico y del Renacimiento, la Capilla Real de Granada ofrece modélicos ejemplares que permiten valorar su triple función: práctica, estética e iconográfica. Las rejas de la Capilla Real son celosías protectoras o pórticos de entrada que acotan espacios y evitar así perspectivas profundas.
La Reja principal es una de las más bellas del siglo XVI español, su majestuosidad impresiona. Su autor, fue el maestro Bartolomé y la concibió a modo de retablo por lo que se estructura, como ellos, en pisos y calles. En el conjunto se equilibran gótico y plateresco. Desde abajo y hacia arriba la apoteosis decorativa va in crescendo para terminar fundiendo visualmente para el visitante hierro y piedra.
Consiste en cuatro tablas de madera que muestran la Conquista de Granada y el bautismo de los infieles. En ambos lados del altar hay dos estatuas de Isabel y Fernando. La capilla también alberga las obras de arte donadas por la Reina Isabel. Es obra de Felipe Bigarny, y está considerado, en su conjunto, como unos de los primeros y más grandes retablos platerescos labrados en España, pues se elaboró entre 1520 y 1522. Constituye un fiel reflejo del momento de transición entre dos épocas, medieval y moderna, y entre dos estilos, gótico y renacentista.
Entre los innumerables motivos ornamentales del retablo hay que destacar la granada. Desde el siglo IV el pensamiento cristiano utiliza la imagen de la granada para expresar la unidad y la diversidad de la Iglesia. El primero en utilizar este símil fue San Gregorio de Elvira, en el siglo IV, y que era el obispo de la iglesia hispano-romana de Ilíberis, que, siglos más tarde, recibiría el nombre de Granada. La reiterada presencia de la granada como motivo ornamental se justifica, además, tanto por el nombre de la ciudad, como por ser utilizado este fruto en la literatura y en el arte como emblema de la integración de la pluralidad en la unidad.
