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También conocida como Lérida en castellano, esta ciudad forma parte de la comunidad de Cataluña y está dentro de la provincia del mismo nombre. Es además uno de los lugares con más interés turístico de la zona por lo que los viajes Lleida son bastante populares por detrás de los destinados a Barcelona.
Desde que fuera fundada hasta el momento presente ha recibido varios nombres entre los que los más conocidos son Ilerda como fue conocida por los íberos, Llerda durante el imperio romano, Larida por el Islam, Lyda entre los cristianos medievales y finalmente Lérida y su equivalente catalán Lleida.
Esta ciudad fue durante la época de los íberos la capital de esta cultura y donde vivieron algunos de sus caudillos más famosos como es el caso de Indíbil o de Mardonio, los cuales protagonizaron uno de los episodios más importantes de la historia de la península cuando se aliaron con los cartagineses contra los romanos.
Tras la Segunda Guerra Púnica llegaría la romanización por lo que las culturas indígenas de la zona pronto serían asumidas por esta cultura que ha dejado una gran huella en la zona como en otras regiones de España en la que vivieron durante siglos.
Muchos siglos después, hacia el VIII d. C., serían los musulmanes los que se harían con la ciudad ocupándola durante varias décadas hasta que el rey franco Ludovico Pío saqueó la ciudad en el 801 y con ello pronto comenzó a debilitarse el poder musulmán en esta región.
Sería en el año 1149 cuando la ciudad se rindió definitivamente a las tropas cristianos con Ramón Berenguer IV el Santo, dotándose poco después a la ciudad con una Carta de Población, que la convertía en una verdadera ciudad bajo dominio cristiano.
Desde entonces vivió una época de esplendor cultural que se acentuó aun más cuando en 1297, Jaime II fundó el famoso Estudi General, apoyado por una bula pontificia de Bonifacio VIII, siendo ésta la primera universidad del antiguo Reino de Aragón.
Sin embargo las guerras y epidemias del siglo XVII darían como resultado una recesión de Lérida, quedando la ciudad deteriorada y en ruinas, estado en el que se la encontró Felipe V cuando llegó hasta aquí.
No sería hasta el siglo XVIII cuando la ciudad recuperó su imagen, especialmente durante el reinado de Carlos III cuando se construyó la Catedral Nueva según los planteamientos ilustrados. De esta forma la ciudad dispuso de un urbanismo acorde a su categoría de capital de provincia, que se ha conservado hasta nuestros días.
En esta ciudad se disfruta de un clima de tipo mediterráneo más bien árido en el que hay una cierta tendencia continental que le confiere su proximidad al valle del Ebro. En consecuencia los inviernos son húmedos y muy fríos, mientras que los veranos son cálidos, pudiendo alcanzar con facilidad los 40ºC, por lo que si se decide realizar el viaje a Lleida en estas fechas hay que tener presente estar preparado para combatir el calor.
Museo de Lérida Diocesano y Comarcal: es fruto de un consorcio entre la Generalidad de Cataluña, la Diputación y el Ayuntamiento de Lérida gracias al cual se han podido reunir en este recinto museístico hasta 10.000 piezas de arte, la mayoría de ellas originarias de la antigua corona de Aragón. Es por ello uno de los lugares más destacados en los viajes Lérida.
Seu Vella: o vieja catedral de Lérida es sin duda el más representativo de los monumentos de Lérida, la cual se encuentra sobre un cerro situado en su centro y desde el que se puede ver toda la ciudad.
Se empezó a construir en el año 1203, y fue consagrada desde el principio a Santa María. Está dentro del estilo románico siendo uno de sus mejores ejemplos en la península ibérica, aunque cuenta con algunos elementos propios del gótico como es el caso de la crucería ojival. Esto ha hecho que muchos historiadores del arte lo inscriban dentro del estilo de transición al gótico.
También es muy interesante en ella el claustro, que a diferencia de la mayoría de los claustros construidos en esta época, se encuentra delante de la fachada principal de la basílica, aunque destaca especialmente por sus dimensiones que hacen que sea uno de los mayores de Europa.
Catedral Nueva: aunque no es tan famosa como la anterior, es otro de los monumentos importantes de la ciudad, la cual fue construida ente 1761 y 1781 dentro del estilo barroco, aunque con una gran tendencia al clasicismo academicista francés. En ella destacan especialmente las escalinatas que dan acceso a la puerta principal y donde se muestra el escudo de los borbones.
Todavía no dispone esta ciudad de un aeropuerto propio, aunque está previsto la construcción en breve del de Lérida-Alguaire que permitirá acceder a la ciudad por el aire desde las principales ciudades tanto del país como del resto de Europa.
De momento mantiene muy buenas conexiones por carretera, con lo que es fáicil llegar hasta Lérida desde cualquier punto de la península.
Para moverse por el entorno urbano dispone de red municipal de diecisiete líneas de autobús con las que quedan cubiertos todos los barrios de esta ciudad y a la que ofrecen apoyo los taxis.
La fiesta Mayor de primavera es una de las festividades más importantes de esta región y que coinciden con la de San Anastasio, el patrón de la ciudad, en los primeros días de mayo. Si en estas fechas se va a viajar Lleida los mejores hoteles pueden estar reservados por lo que conviene adelantarse y hacer las reservas con anterioridad. En la celebración se dan varios actos interesantes como la Batalla de Moros y Cristianos, el Concurso de Fuegos Artificiales, o la Batalla de Flores.
Otra importante es la Fiesta Mayor de Otoño que coincide a su vez con la festividad de San Miguel y que tiene lugar a finales del mes de septiembre. En esta semana se monta la Feria de San Miguel, que es una de las ferias agrarias más antiguas el país.
En Lleida se da una gastronomía muy variada y muy rica basada en su mayoría en los productos de su huerta y en sus reses, de manera que son habituales las recetas de caracoles, carne a la brasa, embutidos, cassoles, ollas e incluso la cocina en la que la fruta es el principal protagonista.
También conviene conocer y degustar las setas de la temporada como rovellons, llenegues, ous de reig, sureny o rabassola entre otras muchas, las cuales o bien se pueden cocinar en solitario como un ingrediente más en otros paltos como los guisos.
En cuanto a los dulces, se recomienda probar las magdalenas, los pastissets, el codonyat, las ensaladas de frutas, la crema catalana, el xarrupets y las manzanas asadas rellenas de frutos secos.
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