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Siempre abierta al turismo, el impulso definitivo se lo daría la construcción del Palacio de la Magdalena en 1912 como residencia de verano del rey Alfonso XIII pues a partir de entonces la ciudad sería frecuentada por aristócratas, burgueses y personajes ilustres. Esto transformó la arquitectura Santander y la dotó de magníficos chalets y hoteles familiares además de algunos de sus edificios más emblemáticos:
El Palacio de la Magdalena. Construido en la península del mismo nombre, en un estilo ecléctico que aúna elementos de la arquitectura inglesa y francesa con toques de la arquitectura de montaña.
El Gran Casino del Sardinero, 1916, es uno de los símbolos de la ciudad. Cuenta con un piso bajo para tiendas y terraza con balconada a la que se accede por escalera monumental. El cuerpo central, de dos pisos, queda enmarcado por los laterales con las dos torres octogonales.
El Hotel Real se inauguró en 1917 dominando la bahía y el mar abierto para alojar a ilustres turistas en sus viajes Santander. Es un magnífico edificio de cinco plantas, con pórtico al sur sobre una elevada terraza. El estilo es modernista con los toques de eclecticismo propios de su arquitecto González Riancho.
La casa de don Alfonso Pardo. Realizada también por Riancho, en 1918, pero en estilo montañés y con una bien marcada torre. Actualmente es propiedad de Emilio Botín.
Otro acontecimiento que marcó la arquitectura en Santander fue el devastador incendio de 1941, que avivado por los fuentes vientos arrasó en dos días toda la parte medieval de la ciudad. Sus calles estrechas y sus casas con estructura de madera facilitaron el trabajo al fuego. En total, destruyó treinta y siete calles. La reconstrucción que se hizo posteriormente siguió las directrices de la arquitectura de posguerra, fusionando la herencia racionalista con el discurso tradicionalista de la arquitectura oficial.
La Catedral de Santander, fue uno de los edificios afectador por las llamas. El templo inferior, fue construido en torno al año 1200 sobre otros edificios anteriores de época romana. Tiene tres naves, en un estilo de transición del románico al gótico. La iglesia alta se levantó entre finales del siglo XIII y el XIV. Al finalizar se construyó el claustro gótico. En la restauración, tras el incendio de 1941, se sustituyó la cabecera original por un amplio crucero más un cimborrio.
En las últimas décadas, como ha ocurrido con muchas ciudades costeras, el crecimiento urbanístico de Santander ha sido muy grande, primero por el empuje industrial, y en los últimos años, debido a las segundas residencias turísticas. Además, en los años ochenta se comenzó a desplazar la actividad portuaria a una zona más alejada, el Puerto de Raso, con el objetivo de recuperar todo el margen sur de la bahía de Santander.
La zona que ha adquirido especial relieve es El Sardinero, con multitud de edificios orientados a sus playas. Actualmente, El Sardinero compite en popularidad con el centro de la ciudad. El Sardinero ha sido también la zona elegida para crear la nueva arquitectura en Santander y allí se han levantado algunas de las más grandes infraestructuras deportivas y culturales de la ciudad como los Campos de Sport del Sardinero, el Palacio de Congresos o el Palacio de Deportes.
Palacio de Deportes. Es un edifico que destaca por su estilo vanguardista. Tiene capacidad para albergar a diez mil espectadores y en él juegan habitualmente los equipos de balonmano y baloncesto de la ciudad, el Teka Cantabria, Estela y el Lobos Cantabria. Se inauguró en el año 2003 y es obra de los arquitectos Julián Franco y José Manuel Palao. Su estructura es de hormigón con una cubierta metálica de cuatrocientas láminas de acero inoxidable de diferente tamaño, que le dan su espectacular aspecto. En el interior, un tercio de los graderíos son retractiles. Es muy recomendable acercarse a ver esta interesante muestra de la arquitectura en Santander si se planea viajar a Cantabria.
Al margen de la ciudad, pero avisando a los barcos de la presencia de ésta, nos encontramos con el histórico:
Faro de Cabo Mayor. Situado en un promontorio al norte de la ciudad, su arquitectura data de 1839, fecha en que comenzó a lucir por primera vez. Hasta el año 2001, el edifico anexo era la vivienda habitual de los fareros. Posteriormente ha sido rehabilitado como Centro de Arte con el objetivo de exponer trabajos con vocación marinera y promover la creación artística en general.
