Semana Santa en Sevilla

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La Semana Santa

La religiosidad que demuestran los sevillanos durante la Semana Santa impresiona al visitante tanto o más que las bellas imágenes objeto de su devoción. Las procesiones son aquí multitudinarias y llenas de pasión religiosa.

Fiestas SevillaLa Semana Santa , también llamada Semana Mayor es una festividad cristiana que tiene por objetivo revivir los últimos momentos de la vida de Jesús. Los viajes a Sevilla tienen que ser planificados con mucha antelación si se quiere obtener plaza en un hotel en el centro histórico donde se encuentra el corazón de la fiesta.

Es una de las celebraciones más importantes de Sevilla, junto con la Feria de Abril, y sus orígenes se remontan al s. XIV. Las Cofradías hacen sus procesiones de penitencia por las calles de la ciudad, desde su iglesia hasta la Catedral y la vuelta, por la ruta más corta posible. El recorrido por las calles suele ser complicado, pues en muchos casos se trata de callejuelas estrechas donde los pasos procesionales tienen que realizar complicadas maniobras para continuar su camino de penitencia. En estos lugares estrechos se pueden formar “bullas” que son aglomeraciones de gente.

La Semana Santa comienza el Domingo de Ramos y termina el Domingo de Resurrección y durante esa semana, 57 hermandades salen a la calle en procesión.

El pueblo sevillano vive con absoluta devoción esta festividad que comienza a hacerse patente semanas antes de que comience. El Domingo de Pasión comienza la festividad con el Pregón que es pronunciado en el Teatro de la Maestranza por alguna persona involucrada en las cofradías y en la fiesta. Se trata de un discurso elaborado para ensalzar la Semana Mayor de la ciudad.

El Viernes de Dolores y el Sábado de Pasión es un buen momento para ver, sin aglomeraciones, los pasos que salen a la calle en los barrios más alejados de la capital andaluza. Estos pasos no llegan hasta la catedral y no desfilan dentro del programa oficial de la Semana Santa porque están demasiado alejados del centro. Pero el fervor popular es el mismo por lo que es interesante tener en cuenta esta posibilidad en nuestro viaje.

El Domingo de Ramos es espectacular ver la multitud de gente que hay en las calles. Si luce el sol y huele a azahar entonces el ambiente se vuelve único y mágico. La tradición marca que las mañanas de la Semana Santa de Sevilla hay que dedicarlas a visitar las iglesias de las hermandades que por la tarde, en el crepúsculo, saldrán a procesionar.

Con tal fin, lo mejor es hacerse con una guía con la programación diaria de procesiones y horarios. Son fáciles de conseguir y, en muchos casos, gratuita. De esta manera, se puede realizar unos viajes muy interesantes por la arquitectura religiosa de la ciudad y admirar los maravillosos tesoros artísticos que guardan en su interior. Lo típico, cuando se visita estos templos es adquirir los lazos y adhesivos distintivos que demuestran que hemos cumplido con la tradición. Estos lazos hay que ponérselos en la solapa, en un sitio visible.

La tarde del Domingo de Ramos, hay otra transformación espectacular. El tráfico, que hasta ese momento era frenético, queda anulado convirtiendo Sevilla en una ciudad completamente peatonal. Esto ocurrirá todas las tardes de Semana Santa para facilitar el paso de las procesiones. La gente comienza a apostarse en los mejores sitios para ver las diferentes cofradías. Los nazarenos, de diferentes colores según sus hermandades, transitan por las calles camino de sus puntos de salida. Todo es preparación y espera para lo que se avecina con la llegada del crepúsculo: las procesiones, el arte, el fervor religioso, el olor a cirio, a música y las saetas. Una semana entera de pasión y fiesta cristiana a la que vale la pena viajar.

Durante la noche más importante de la Semana Santa, la Madrugá, entre Jueves y Viernes Santo, el número de espectadores se acerca al millón de personas, lo que la convierten en una de las fiestas de Sevilla más multitudinarias. Ese día transitan las hermandades más populares: El Silencio, el Gran Poder, Los Gitanos, El Calvario, La Esperanza de Triana y la Macarena.

Procesiones y Pasos

Durante los ocho días de Semana Santa, un total de cincuenta y siete hermandades, llevan sus ciento dieciséis pasos desde su iglesia hasta la Catedral y de vuelta, en la compañía de unos 60.000 hermanos que participan en sus diferentes apariencias: nazarenos, penitentes, costaleros y acólitos.

Conviene tener una serie de ideas claras antes de acercarse a ver las procesiones, así se podrán disfrutar mejor. El orden y los elementos de una procesión es éste:

La Marcha. Las bandas de música acompañan a la mayoría de las procesiones. Suelen tocar marchas de gran belleza y calidad musical. No hay que perderse tampoco las saetas, que son expresiones espontáneas de personas del público asistente y son cantadas con mucho sentimiento y devoción.

La Cruz de Guía. Es la Insignia que abre el cortejo procesional, franqueada por dos nazarenos que portan faroles.

Los nazarenos. Son los miembros de la hermandad que componen el cortejo procesional. Portan cirios o insignias y van vestidos con túnicas. Es muy llamativo el capirote y el antifaz con el que cubren su cabeza y rostro.

Los costaleros. Son los miembros de la hermandad que cargan a cuestas con los pasos procesionales. Es una tarea muy delicada y que requiere mucho esfuerzo por lo deben entrenarse durante todo el año para que todo salga bien y sin consecuencias.

El paso del Cristo. Se denomina así si el paso sustenta imágenes de Cristo. Si son imágenes de la Virgen se llama paso palio y si lo que sostiene es un conjunto de imágenes que escenifican algún pasaje de la Pasión se llama Misterio.

Los Penitentes. Son los miembros de la hermandad que ejercen el acto auténtico de penitencia. Por este motivo se les puede ver llevando una cruz de madera y algunos hacen descalzos todo el camino. En muchos casos se hace como un acto de cumplimiento de una promesa religiosa. Visten como los nazarenos, pero sin capirote en la cabeza por lo que el antifaz se queda colgando atrás.

El paso palio. Es el paso que porta la Virgen. Para muchos sevillanos es el paso más importante y así lo demuestran en sus rostros, en sus expresiones, en los piropos que le dicen a su Virgen cuando la ven pasar con absoluta entrega y pasión. Todas las vírgenes representan el mismo momento histórico de la Biblia: la Santa Madre llorando por la muerte de su hijo.

Un elemento muy importante y que hace única a cada virgen de Sevilla , es el Manto. Este es una enorme pieza de tejidos nobles con extraordinaria labores bordadas que, partiendo desde la imagen de la Virgen, se extiende sobre un soporte rígido por toda la parte trasera del paso. Otra característica distintiva es el Dosel, sustentado por los varales, como si fuera un techo. Muchos de ellos son importantes joyas de orfebrería.

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