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Este importante legado artístico y cultural ha contribuido a partes iguales en el reconocimiento de la Semana Santa de Valladolid como Fiesta de Interés Turístico Internacional desde 1981. Las diecinueve cofradías vallisoletanas alumbran un total de cincuenta y dos pasos distintos y celebran un total de 33 procesiones. Sus tallas se encuentran entre las de mayor valor artístico del mundo en escultura policromada, gracias sobre todo a imagineros como Juan de Juni y Gregorio Fernández. Todo ello convierte sus procesiones en auténticas exposiciones de imaginería religiosa en la calle.
La Semana Santa de Valladolid, como otras similares que tienen lugar en Castilla, se caracteriza por el silencio con el que se desarrollan las procesiones tan solo roto por las bandas de música o de cornetas y tambores participantes. Durante el Jueves Santo es tradición visitar siete iglesias para rezar ante los monumentos que las cofradías exponen para su culto y donde están expuestos los pasos preparados para procesionar.
Los actos religiosos comienzan nueve días antes del Domingo de Ramos, con el Pregón que se celebra en la Catedral y que pronuncia una personalidad con alguna relación con la Semana Santa o con Valladolid. El Sermón de las Siete Palabras y la Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor son los acontecimientos más populares y concurridos. No obstante, la mayoría de procesiones, por su tradición, solemnidad y silencio, reflejan a la perfección el sentimiento y el alma de esta celebración. Los actos se completan con las celebraciones litúrgicas en la Catedral, en las que también toman parte las cofradías: la Bendición de las Palmas a cargo del Arzobispo, el Domingo de Ramos por la mañana; la Misa Crismal el Jueves Santo por la mañana; la Misa de la Cena y la Celebración de la Pasión por la tarde del Jueves y Viernes; la Vigilia Pascual el Sábado Santo por la noche y la Misa Pascual el Domingo de Resurrección.
Sermon de las Siete Palabras
Cada Viernes Santo a mediodía, la plaza Mayor se transforma en un escenario que recuerda a los autos de fe del siglo XVI en el que un religioso, invitado cada año a tal efecto, reflexiona sobre las siete palabras que Cristo pronunció en la Cruz, delante de los respectivos pasos que las ilustran. Este Sermón, organizado por la Cofradía de las Siete Palabras, viene precedido por el mencionado Pregón, consistente en un soneto, que es proclamado a lo largo de toda la mañana en distintos puntos de la ciudad. El pregonero, al que acompaña un cortejo a caballo, recoge el pergamino del pregón a las ocho de la mañana de manos del Arzobispo, en el Palacio Arzobispal, iniciándose el recorrido. A las once y media de la mañana, el cortejo a caballo se encuentra con la cofradía en la Plaza de Zorrilla, iniciándose la procesión hasta la Plaza Mayor, donde a las doce del mediodía da comienzo el Sermón.
Procesión General de la Sagrada Pasión del Redentor
Es la procesión de la tarde del Viernes Santo y destaca entre todas las que tienen lugar en España por la cantidad, treinta y dos pasos, y calidad de sus obras, las cuales abarcan todas las escenas de la Pasión de Cristo, desde la Última Cena hasta la Soledad de su Madre. En ella participan todas las cofradías penitenciales vallisoletanas. Aún hoy, hay personas que acuden a ver esta larga y bella procesión acompañados de sus sillas, como era antes tradición.
El origen de la Semana Santa de Valladolid se remonta al 16 de marzo de 1498 cuando el Consistorio vallisoletano donó a la cofradía penitencial de la Santa Vera-Cruz todo lo necesario para levantar el humilladero de la Puerta del Campo. Desde entonces, la Semana Santa ha tenido, como mínimo, dos etapas diferentes. La primera se inicia en el siglo XVI y alcanza su máximo esplendor en el XVII debido a la multiplicación del número de cofradías penitenciales y a los escultores de renombre que dejan su arte en madera para la posteridad.
Durante este tiempo, las históricas cofradías de la Vera Cruz, Pasión, Angustias, Piedad y Nazarenos se repartieron los días, las horas y los itinerarios de las procesiones, que por entonces se realizaban en los interiores de los conventos. Es más, cada penitencial tenía su propia procesión y no asistía a la de los demás. Esta etapa empezó a perder vigor a partir del siglo XVIII, languideciendo hasta casi desaparecer en poco más de cien años.
La Semana Santa, tal y como se conoce hoy, tiene su ser en 1920 cuando el arzobispo Gandásegui, con la colaboración del historiador Juan Agapito y Revilla y del entonces director del Museo Provincial de Bellas Artes, Francisco Cossío, además de otros ilustres vallisoletanos, recuperaron los desfiles procesionales para la ciudad de Valladolid. La nueva Semana Santa comienza a cobrar vida, con un único paréntesis motivado por la Guerra Civil. Las viejas estampas dieron paso a otras nuevas, perdiéndose en gran parte tradiciones como la de bajar las sillas de casa para contemplar la procesión del Viernes Santo o la de arrojar piedras a los sayones, y volvió a destacar el buen hacer de los imagineros Gregorio Fernández, Juan de Juni y Francisco del Rincón entre otros, que con sus tallas y el riguroso fervor de las cofradías escenifican una de las mejores representaciones de la Pasión de Cristo de todo el panorama español.
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