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El Pasaje Gutierrez es pequeño pero con encanto, quizás por eso ha servido en ocasiones como escenario de películas y es una de las joyas de la capital castellana. Está situado entre las calles Fray Luis de León y Castelar, pues este tipo de pasadizos cubiertos servían de comunicación entre calles concurridas y estaban destinados a ampliar el espacio disponible para el comercio.
Se construyó por iniciativa del empresario Eusebio Gutiérrez, quien encarga en 1886 al arquitecto Jerónimo Ortiz de Urbina, autor del colegio San José de Valladolid, el proyecto de una galería comercial que comunicase las zonas de la Catedral y la Plaza Mayor, zonas que en la segunda mitad del siglo XIX conocían un rápido progreso económico. Este dinamismo había impulsado la creación de cafés, tertulias, casinos y zonas burguesas como la Acera de Recoletos, por lo que una galería comercial, sería otro toque de distinción de la capital.
El proyecto de Ortiz de Urbina es un ejemplo de la arquitectura beaux-artiana en la que se combinan los órdenes clásicos con las nuevas tecnologías de entonces como, eran la cubierta de hierro y teja de vidrio y la iluminación a gas que se observa en los brazos de los globos de luz, que son originales. Las fachadas exteriores están construidas en ladrillo y presentan antepechos de hierro forjado en los balcones. Las puertas de ingreso son de rejería y llevan la inscripción de las fechas de su construcción y del nombre de la galería: 1885-86 Pasaje Gutiérrez.
La galería se desarrolla en dos tramos, enlazados por una rotonda bajo una gran cúpula de cristal, que cobija una escultura que imita el renacentista Mercurio de Juan de Bolonia, como representación del dios del comercio. La rica decoración pictórica y escultórica, con alegorías de las estaciones y el comercio, enmascara la pobreza de los materiales empleados, que ha hecho necesaria la restauración para recuperar su esplendor. Las cubiertas forman un sistema independiente del resto del pasaje. La estructura de los soportes es de madera salvo en la cubierta de la rotonda central. Los techos se adornan con buenas pinturas de Salvador Seijas, representando temas mitológicos y alegóricos, y ornamentación de estucos y motivos vegetales.
La idea de este pasaje era la de crear una elegante zona comercial destinada para la alta y media burguesía vallisoletana y que permitiera buscar una nueva forma de comercio de calidad con productos procedentes de toda Europa. Por desgracia, el pasaje dejó de funcionar y dar dinero escasos años después de su inauguración y quedó sumido en el abandono. Tras su reciente restauración, a finales de los años 90, su actividad comercial ha vuelto a resucitar y cuenta con varios comercios instalados en los locales de su interior.
El diario El Norte de Castilla relataba así el histórico momento en que el Pasaje Gutierrez de Valladolid fue inaugurado por primera vez:
”No hace muchos días que el conocido comerciante señor Gutiérrez, con una esplendidez de que hay pocos ejemplos y sin reparar en la cuantiosa suma que representa la obra, inauguró su magnífico pasaje, con el que se ha dotado al pueblo en que escribimos de un edificio como no le hay igual en una capital de España y bastante mejor de otros muchos con que cuentan en el extranjero”
”Valladolid entero ha visitado tan elegante como suntuoso edificio y unánime ha sido la opinión de cuantos lo han visto al apreciar en cuanto vale el feliz pensamiento llevado a cabo por el señor Gutiérrez, y del que ha sido director el ilustrado arquitecto don Gerónimo Ortiz de Urbina, que con sus vastos conocimientos en arquitectura ha sabido dar cima a tan grandiosa obra”. El artículo recordaba las medidas del pasaje, con naves de casi cinco metros, una rotonda de ocho metros de diámetro y “una elevación hasta la cubierta de otros ocho metros”. Por aquel entonces el Pasaje Gutiérrez de Valladolid tenía veintitrés tiendas dispuestas a ofrecer lo mejor a las elegantes damas de la época.
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