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La Romareda está situada al sur de la ciudad, en el barrio del mismo nombre y dentro del distrito Universidad. Es propiedad del Ayuntamiento de Zaragoza y fue inaugurado en 1957 con un partido entre el Real Zaragoza y el Osasuna en el que ganaron los locales por 4 a 3. Ha tenido que pasar por diversas remodelaciones para estar a la altura de los acontecimientos deportivos internacionales para los que se ha requerido su espacio.
En concreto, la primera remodelación importante fue en 1977, cuando se construyeron nuevos graderíos cubiertos. Después en 1982, con motivo del Mundial de Fútbol de España se construyeron las cubiertas de general sentado. Estas reformas le sirvieron para, diez años más tarde, poder ser sede de los partidos de fútbol de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Por último, en 1994, el campo alcanzó su aspecto actual tras la última reforma hecha entonces y que sirvió para que todas las localidades fueran de asiento, convirtiendo su capacidad oficial en 34,596 espectadores.
Otra remodelación se propuso en marzo del 2006 para aumentar la capacidad a 42,000 personas pero no se llevo a cabo. Actualmente el interés del Ayuntamiento y del Real Zaragoza está puesto en la construcción de un estadio nuevo que de un nuevo impulso al futbol local y a la afición zaragozana. La Romareda pasará a la historia, pero un gran número de acontecimientos deportivos, triunfos y derrotas seguirán en el recuerdo de los zaragozanos que los vivieron y sufrieron.
Igualmente será recordado por quienes asistieron a alguno delos importantes conciertos que suelen celebrarse en la Romareda de Zaragoza. Artistas de la talla de Michael Jackson, Héroes del Silencio o Metállica han descargado su música dentro de este histórico recinto.
El Real Zaragoza jugaba, en sus orígenes, en el campo de fútbol de Torrero, pero a diferencia del fútbol actual, en el que los presupuestos de los equipos se nutren básicamente de sus derechos televisivos, anteriormente las taquillas eran la base económica de los clubes, por lo que ya en los años 40 del siglo XX, el Real Zaragoza comenzaba a necesitar un nuevo campo con más aforo. La Primera División se estaba volviendo muy competitiva y los equipos precisaban estadios grandes donde poder acomodar al numeroso público que se daba cita en los partidos. Así que, en el año 41 el alcalde de Zaragoza, Francisco Caballero Ibáñez, empezó a barajar la posibilidad de construir un campo nuevo.
El 9 de febrero de 1951, el Dr. Abril, presidente del Real Zaragoza, dio el siguiente paso en busca de la construcción de un nuevo campo, aceptando la opción de compra del estadio de Torrero, para, con el campo en posesión, poder venderlo en busca del saneamiento económico del club. Durante el verano de 1954, el presidente Cesáreo Alierta vende el campo de Torrero, cancelando toda la deuda del Club. A la venta se le añadió una cláusula por la que el Real Zaragoza, podía seguir usando el estadio durante los siguientes cinco años, periodo durante el cual, había que construir un campo nuevo.
Desde ese momento, el ayuntamiento zaragozano comenzó a estudiar dónde construir el nuevo campo. En un primer lugar se pensó que el lugar idóneo era la zona de Miraflores, pero el arquitecto José Descartín planteó todas las dificultades técnicas del lugar. Al final, se llegó a la conclusión de que el emplazamiento ideal estaba al lado de la Feria de Muestras, por lo que el 9 de febrero de 1956 se firmó en el Pleno del Ayuntamiento la propuesta de construcción de lo que iba a ser el Estadio Municipal de La Romareda y la adjudicación de las obras al proyecto del arquitecto de Francisco Riestra.
Durante los nueve meses que duraron las obras, que se llevaron a cabo bajo la dirección de José Beltrán, se comenzó a buscar nombre para el nuevo campo. La publicación Zaragoza Deportiva realizó una encuesta entre sus lectores en busca del nombre preferido por los zaragozanos y el elegido fue "Estadio de Miralbueno". A pesar del clamor popular, las autoridades decidieron llamarlo La Romareda, como el nombre de la partida donde estaba enclavado el campo nuevo. Las protestas populares arreciaron debido al género femenino del nombre, pero, una vez que se vio el nuevo campo, la satisfacción hizo olvidar las discrepancias que había suscitado el nombre y la Romareda pasó a formar parte del sentir popular de Zaragoza.
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