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El Castillo Sforzesco es uno de los monumentos más grandes del período del renacimiento italiano y uno de los símbolos de Milán. Fue construido en 1368 por Gian Galeazzo Visconti para defender la ciudad, y fue ampliado por sus sucesores, Giovanni Maria y Filippo Maria Visconti, como la residencia permanente de la dinastía de Visconti. Debido a la mala gestión de la ciudad que hizo esta familia, los milaneses se revelaron, proclamaron la república ambrosiana y se pusieron a derribar el castillo de los Visconti.
La llegada al poder de Francesco Sforza evitó que se destruyera completamente la fortaleza y de hecho, en 1450, llamó a importantes arquitectos de la época para realizar una bella reconstrucción renacentista del castillo con la intención de crear un fortalecimiento para su propia defensa pero fue transformada gradualmente en una residencia noble impresionante.
Con la subida de Ludovico el Moro, hijo de Francesco Sforza, el castillo fue una de las residencias más espléndidas de Milán, adornado por Bramante, Filarete, el gran Leonardo da Vinci y numerosos otros artistas que trabajaron allí. En 1499, después la caída de Ludovico el Moro, el magnífico palacio fue ocupado por las fuerzas francesas al comando por el mariscal Gian Giacomo Trivulzio y fue el principio de la destrucción del castillo. Durante la dominación española (del XVI-XVII siglo) el castillo fue transformado, convirtiéndose en una fortaleza militar. En 1800, Napoleon Bonaparte demolió las adiciones españolas y desde 1895 a 1900, el Castillo fue restaurado totalmente, y destinado a museo y muestras culturales. La torre de Filarete fue reinaugurada en el año 1905 y dedicada al Rey Umberto I de Italia. En 1943, un bombardeo sufrido por la ciudad causó graves daños al edificio, que una vez más fue pacientemente restaurado.
Hoy, el espléndido Castillo Sforzesco de Milan, dominado por la torre de Filarete, es sede de varias instituciones culturales y alberga tres museos que atraen toda la atención de los visitantes. El Museo de Arte Histórico es uno de los más visitados, por la cantidad de obras maestras pertenecientes a artistas cumbre del renacimiento que alberga. La Pietà Rondanini que Miguel Ángel no llegó a culminar es sin dudas una de las más admiradas. Da Vinci, Mantegna y Messina son otros nombres ilustres que es posible hallar en el museo. El Museo Arqueológico también es sumamente popular. Sus colecciones más afamadas son la dedicada a la Prehistoria y la correspondiente al mundo egipcio. El Museo de Artes Aplicadas, por otra parte, posee piezas en cerámica, marfil y hierro, que van desde muebles hasta instrumentos musicales.
El castillo se encuentra muy ligado a los grandes artistas que allí trabajaron dejando su huella artística. Leonardo Da Vinci fue uno de ellos, quien prestó en el castillo sus servicios primero como ingeniero militar y civil, y luego como escultor y pintor. La obra de arte más famosa de Da vinci dentro del castillo es el gran fresco que se encuentra en la Sala delle Asse en el interior del castillo. Es un fresco que finge pérgolas con ramas floridas y árboles con ramas entrelazadas que forman el famoso emblema llamado “nudo vinciano”.
La elegante Torre de Filarete es símbolo que identifica el castillo y da la bienvenida a los visitantes. Este edificio de planta cuadrada y otras tres torres ubicadas en cada esquina posee un hermoso parque sobre el lado norte, el Parque Sempione, de 47 hectáreas, el más grande del centro ciudad. Fue creado entre 1890-1893 por el arquitecto Emilio Alemagna y diseñado en estilo inglés. En la parte central del parque hay varios campos de juego, una biblioteca, un quiosco y una pequeña colina, llamada Monte Tordo, donde hay un monumento a Napoleon II. Subiendo a lo alto de la Torre Branca se puede disfrutar de vistas panorámicas de Milan.
