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Oficialmente, la Catedral Milan se inauguró en 1965, más de un siglo después de su finalización, pero ya con los detalles terminados. Su construcción tardó más de seiscientos años, recordando que el último movimiento que se hizo fue cuando colocaron el último vitral en la década de 1960. Es un impresionante templo en cuyo interior se encuentran obras de una gran importancia, como el Sarcófago del Arzobispo Alberto da Intimiano, o el de Marco Carelli. También destaca el mausoleo, las obras de arte, el prebisterio renacentista o la estatua del Papa Martín V.
Su asombrosa fachada gótica nos muestra la grandeza y la destreza de los arquitectos y constructores. En todo el exterior del “Duomo” se encuentran figuras labradas de los apóstoles, de figuras angelicales, y sobretodo las imágenes que representan a los pecados. su fachada forma parte del bellísimo conjunto de todo el exterior, completamente decorado y labrado.
La fachada esta formada por cuatro cuerpos y cinco calles. En el primer cuerpo de la fachada, se encuentran las cinco puertas de acceso a la Catedral, una en cada calle, y diversas figuras de los apóstoles. En el segundo cuerpo se encuentran cuatro vitrales. El tercer cuerpo alberga el vitral principal, localizado en la calle central de la fachada. El cuarto y último cuerpo tiene otro vitral. Cada cuerpo está rematado, a los lados, por pináculos, y el último está todo rematado por pináculos.
En realidad, todo a lo largo y ancho del “duomo” se encuentra rematado por más de cien pináculos, y en cada pináculo hay una figura de un santo o de un ángel. La primera, y más antigua, fue la estatua de San Jorge, situada en el primer pináculo que tuvo la Catedral. El pináculo más importante, el de la Cúpula, está dedicado a la titular de esta Catedral, la Virgen de la Asunción (la Madonnina), colocada en el año de 1774 y realizada en bronce dorado.
El interior de la Catedral de Milán esta compuesto por cinco naves, una nave central, dos a la izquierda y dos a la derecha. Las bóvedas tienen un arco en forma ojival, muy típico del estilo gótico y cada nave tiene un altar. Uno de estos altares está dedicado a san Giovanni Bono, que fue obispo de Milán en el siglo VIII, mientras que el altar mayor está dedicado a la Virgen María.
En el interior del Duomo se encuentran una variedad de vitrales de diferentes tamaños, el último colocado en la década de 1960. En éstos vitrales se encuentran plasmadas imágenes de la los momentos de las vidas de varios santos y en uno se representa la vida de Jesús. El vitral principal, situado sobre la puerta de la nave principal, está dedicado a la Asunción.
Hay también varias reliquias humanas, entre ella la tumba del arzobispo Ariberto de Intimiano (fallecido en el año de 1045) al cual atribuye la tradición la invención del carroccio, el carro en el cual los milaneses llevaban al Santísimo y el estandarte durante las batallas.
Otros lugares destacables del interior de la Catedral son el Sarcófago de los arzobispos Ottone y Giovanni Visconti (del siglo XIV); la estatua de San Bartolomé de Marco D’Agrate, delante del antiguo mausoleo; el prebisterio, compuesto por un coro, dos púlpitos y dos órganos; el monumento Arcimboldi, obra realizada por Asessi y Romanesque que representan los apóstoles, en mármol rojo; El sarcófago de Marco Carelli, uno de los hombres que donó dinero para la construcción del edificio; El Medeghino, un monumento a Gian Giacono Medici di Marignano; y los altares de Pellegrini, junto con la obra “Visita de San Pedro a Santa Agatha encarcelada” de Federico Zuccari.
Era el año de 1385, cuando para ubicar la nueva Catedral, se eligió un lugar céntrico, el solar que ocupó la basílica de Santa Maria la Maggiore (Sta. María la Mayor) para llevarse acabo dicha y magnifica obra del primer duque de Milán.
Gian Galeazzo regaló canteras y el material necesario para la fabricación de la Catedral, en ese entonces vivía el arzobispo Antonio de Saluzzo, ya que en dicho proyecto se buscaba hacer el monumento Milan soñado, con dimensiones grandes y muy alto. La fabrica empieza con un número de ciento cinco personas, pero conforme fueron avanzando los años fueron aumentando en número de operarios para la fábrica de la nueva Catedral.
Como en todas las construcciones se iniciaron los problemas, varios de los operarios renunciaron no estando conforme con lo que les pagaban. Tampoco había una persona a cargo de la obra y su supervisión, hasta que, en 1932, se le da este cometido al alemán Enrique Parler de Gmund.
Se le pidió la participación a grandes personajes de aquella épora para realizar planos de la Catedral. En 1521, el arquitecto Cesarini hace un diseño del interior por medio de una sección transversal y también realizó el diseño de la planta de la Catedral en forma de una cruz latina. Leonardo da Vinci también participó en este proyecto diseñando el cimborio, la compleja estructura que sostiene a la cúpula y cierra su perímetro.
En el siglo XVII trataron de cambiar un poco la fachada de la Catedral de Milan y Carlos Buzzi diseñó unos planos para agregar unas torres. Pero en el año de 1886, el joven arquitecto de 27 años Giusseppe Brentano resultó el ganador del concurso, haciendo que la nueva fachada quedara sin las torres que se tenía pensado originalmente.
