Museos Capitolinos

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Museos Capitolinos

La colección capitolina forma el museo público más antiguo del mundo, fundado en 1471 cuando el Pontífice Sixto IV donó al pueblo romano un grupo de estatuas de bronce conservadas anteriormente en el Letrán como la famosa Loba Capitolina, el Espinario, el Camilo y el busto colosal del Emperador Constantino con la mano y el globo del poder.

Museos Roma Los Museos Capitolinos se encuentran situados en dos palacios de la Piazza del Camidoglio, uno enfrente del otro y unidos bajo tierra. Desde el Palacio Nuevo, recorriendo la llamada Galería de Conjunción excavada bajo la plaza, puede accederse al Tabularium, el antiguo archivo público del pueblo de Roma que, con sus grandes arcos monumentales, se asoma sobre el Foro Romano; y también pueden visitarse las ruinas del Templo de Veio, incrustadas en los cimientos del Palacio Senatorio.

Continuando este recorrido, se llega al Palacio de los Conservadores a través de un gran patio que muestra esculturas antiguas, entre las que destacan los restos del colosal acrolito de Constantino ya mencionado, o los bajorrelieves con la representación de trofeos militares y de las provincias sometidas a Roma, provenientes del Templo del divo Adriano, cuyos imponentes restos aún pueden verse en la Piazza di Pietra

La original esencia histórica de la colección capitolina, iniciada en 1471, se vio interrumpida en 1.566, cuando el Pontífice Pío V, que quería eliminar del Vaticano cualquier obra que representase a los dioses paganos, donó al Capitolio más de ciento cuarenta estatuas antiguas, lo que transformó el museo en una gran colección de escultura clásica.

En 1654 la construcción del Palacio Nuevo permitió trasladar un gran número de estatuas a las que se añadieron, en 1733, la colección del Cardenal Albani formada por esculturas y retratos y que permitieron al Papa Clemente XII inaugurar el Museo Capitolino en 1734. Precisamente en esta misma época la colección capitolina se enriqueció con numerosas estatuas, entre las que destacan la Venus Capitolina, copia romana del original griego, el Fauno ebrio en mármol rojo antiguo, los dos Centauros en mármol gris-morado y el Mosaico de las Palomas, procedentes de Villa Adriana de Tívoli; y las populares estatuas del Gálata moribundo y el Discóbolo.

A finales del siglo XIX y tras la designación de Roma como Capital de Italia, unificada en 1.870, la colección de los Museos Capitolinos de Roma se incrementó notablemente con las obras halladas mientras se realizaban las excavaciones para la edificación de nuevos distritos, con la colección Castellani, formada por jarrones griegos, etruscos e itálicos, con la coleccion Cini de porcelanas valiosas y con la realización del Medallero Capitolino.

En el Palacio de los Conservadores, reconstruido a mediados del siglo XVI siguiendo un proyecto de Miguel Angel, es obligatorio visitar la Sala degli Orazi e dei Curazi, con frescos de la loba que encuentra a los niños, el Rapto de las Sabinas, la sala dedicada a la Loba Capitolina. En el segundo piso se conservan estupendas pinturas renacentistas de Tintoretto y Caravaggio.

De entre las numerosas estatuas albergadas en el Palacio de los Conservadores, además de las ya citadas, destacan la estatua en mármol del pontífice Urbano VIII, realizada en base al proyecto de Bernini, el bronce del Papa Inocente X Pamphili, obra de Alessandro Algardi, y el busto del Emperador Cómodo representado como Hércules con la cabeza cubierta por una piel de león, la maza en la mano derecha, las manzanas de las Hespérides en la mano izquierda, y flanqueado por los bustos de dos tritones.

Pinacoteca Capitolina

Durante el pontificado de Benedicto XIV se creó la primera colección, al adquirir las recopilaciones de cuadros de los Marqueses Sacchetti, en 1748, y de los príncipes Pío de Savoia, en 1750. Esta última estaba formada por unos trescientos cuadros y su adquisición fue debida a dos motivos: evitar la dispersión de dichas colecciones en el mercado de los anticuarios y promover el estudio de las obras incluidas en las mencionadas colecciones entre los alumnos de la “Escuela del Desnudo” de la Academia de San Luca, situada en una sala del palacio de los Conservadores.

La Pinacoteca Capitolina, fue inaugurada nuevamente en 1.999, y ofrece un itinerario que cubre cronológicamente, desde cuadros de finales de la Edad Media hasta obras del siglo XVIII: el núcleo principal de la colección está formado por obras de las escuelas vénetas y ferraresas, de entre las que destacan el Bautismo de Cristo, de Tiziano Vecellio, el Rapto de Europa, del Veronese; la Anunciación, de Garofalo; y la Sagrada Familia, de Dosso Dossi.

En la misma colección están incluidas dos obras maestras de Caravaggio: la Buenaventura y el San Giovannino, además de otras obras importantes, comoel Sacrificio de Polisena, el Rapto de las Sabinas y el Triunfo de Baco, o el grupo de óleos de Guido Reni, de entre los que destacan el cuadro juvenil de San Sebastián y obras de su madurez artística, como Cleopatra, Lucrecia, la Muchacha con la Corona y Alba Beata. De entre los artistas extranjeros que forman parte de este museo de Roma cabe destacar los óleos representando a Rómulo y Remo amamantados por la loba, de Rubens, las alegorías de Vouet, los retratos de Van Dyck y un autorretrato de Diego Velázquez.

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