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Arquitectura en Lisboa

La historia arquitectónica de Lisboa es muy interesante y está llena de lugares espectaculares que visitar, palacios, castillos, conventos, iglesias y otros elementos más recientes como sus emblemáticos puentes o el Parque de las Naciones, lugar que sirvió para la celebración de la Exposición Universal de 1998.

Arquitectura Lisboa Cuando se visita la capital de Portugal es imposible no quedarse fascinado por la arquitectura Lisboa, pues, debido a diversos avatares de su historia se puede apreciar que las estructuras que forman su urbanismo no dejan nada al azar, incluidos los colores o la planificación de los transportes. El centro histórico de la ciudad se compone de siete colinas, siendo algunas de las calles demasiado empinadas para permitir el paso de vehículos. Por ello existen tres funiculares y un elevador (Santa Justa), aunque actualmente su uso es solo turístico. Desde las alturas de alguno de sus miradores se puede apreciar el trazado y la arquitectura de las vías y edificaciones.

La Baixa, parte baja en portugués, es el corazón de la ciudad y se encuentra sobre las ruinas de la antigua ciudad, que fue destruida por un terremoto ocurrido el 1 de noviembre de 1755. Fue uno de los terremotos más destructivos y mortales de la historia, seguido de un gran tsunami e incendio que acabarían de destruir prácticamente toda la ciudad, causando la muerte de entre 60.000 y 100.000 personas. El Marqués de Pombal fue clave en la reconstrucción de Lisboa, promoviendo un proceso urbanístico bajo las normas del Racionalismo Ilustrado de la época. Restos del terremoto se pueden contemplar en las ruinas del Monasterio do Carmo, en el Chiado. De esta época nace el barrio de la Baixa de trazado rectangular ordenado según dos polos (el Terreiro do Paço o Praça do Comércio con su arcada y arco triunfal, y Rossio). Esta ambiciosa ciudad racional, vería su expansión en 1879 con el nacimiento de la Avenida da Liberdade, cuando se iniciaba la expansión de Lisboa más allá de la parte baja.

En La Baixa se encuentra la mayoría de los edificios y trazados históricos más representativos de Lisboa, como el Teatro Nacional Doña María II, la Plaza del Comercio y el Rossio, o Plaza de Don Pedro IV. La Rúa Augusta, una de las de mayor transito de esta zona, conduce hasta un gran Arco del Triunfo neoclásico inspirado en el de París, y desemboca en la imponente Plaza del Comercio. En esta plaza estaba la residencia real a partir del siglo XVI. Después de la reconstrucción posterior al terremoto, los edificios se dedicaron a albergar ministerios. Al otro extremo de la Rúa Augusta está la Plaza Pedro IV o Rossio. Los sobrios edificios que bordean esta plaza están ocupados por tiendas de recuerdos, joyerías y cafeterías. En el siglo XIX el Rossio fue cubierto con los típicos mosaicos portugueses, siendo uno de los primeros diseños de este tipo en decorar los edificios de la ciudad y que hoy constituyen uno de sus detalles distintivos.

Para poder ver la arquitectura de Lisboa más antigua hay que acercarse al barrio medieval de Alfama, que milagrosamente sobrevivió al terremoto. Allí, además de estrechas calles y edificios revestidos de mosaicos o pintados de los colores de la ciudad, el amarillo, rosado y salmón, se encuentran dos de los edificios imprescindibles de visitar en Lisboa, la Catedral y el Castillo de San Jorge que se yergue en posición dominante sobre la más alta colina del centro histórico, proporcionando a los visitantes una de las más bellas vistas sobre la ciudad y el estuario del río Tajo. El recinto del castillo cuenta con aproximadamente seis mil metros cuadrados y consta de varias torres y garitas, un foso y dos patios grandes.

El estilo manuelino tiene sus mejores representantes en el barrio de Belém. Este estilo es una versión portuguesa del gótico final, así como del arte luso-morisco o mudéjar, marcado por una sistematización de motivos iconográficos propios, de gran porte, simbolizando el poder regio. Incorporó, más tarde, ornamentaciones del Renacimiento italiano. Belém, ubicado en la ribera del Tajo, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y su principal atracción turística es el Monasterio de los Jerónimos, cuya construcción comenzó en 1501 y tardó 70 años. El Monasterio de los Jerónimos fue diseñado por el arquitecto Diogo de Boitaca y encargado por el rey Manuel I para conmemorar el afortunado regreso de la India de Vasco de Gama. La Torre de Belém es otro bello monumento de bella arquitectura, al igual que el Palacio Nacional de Belém, construido en el siglo XVI. La nota contemporánea la añade al barrio el nuevo Centro Cultural de Belém.

En pleno siglo XX, la Lisboa moderna ha vivido al ritmo agitado de la reciente historia de Europa, con el derrumbe de la monarquía, la llegada de la República, y el posterior golpe militar de 1926 que instauraría la dictadura de Salazar. El "Estado Novo" de Salazar emprendió un amplio programa de obras públicas, que acabarían de expandir y configurar la Lisboa actual. Son obras del régimen: el Aeropuerto, la Ciudad Universitaria, la estatua de Cristo Rey (a imitación del Cristo del Corcovado de Río de Janeiro), el Padrão dos Descubrimentos y el Puente Salazar (Puente 25 de Abril).

El fin de la dictadura llegaría con la Revolución de los Claveles del 25 de Abril de 1974. Nacía un Portugal democrático, con Lisboa como centro de atención de diferentes eventos destacados, como la Capitalidad Europea de la Cultura en 1994, y una gran transformación urbana empujada por la Exposición Universal de 1998 dedicada a los océanos, a orillas del río Tajo. En términos de arquitectura Lisboa, lo más notable de finales de ese siglo es el Parque de las Naciones y la Alta de Lisboa. Los edificios de finales del siglo XX más famosos son las Torres das Amoreiras, 1985, del arquitecto Tomás Taveira, el Centro Cultural de Belém, inaugurado en 1991, la Estación de Oriente, de Santiago Calatrava, la Torre y el Puente Vasco da Gama y el Oceanario de Lisboa, de Peter Chermayeff, estos últimos ejemplos de arquitectura de 1998.

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