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Tatlarin se ubica en el interior de una colina a escasos diez kilómetros de la localidad de Acigöl, dentro de la provincia de Nevsehir. La ausencia de documentos escritos que atestigüen la fecha exacta de construcción de esta arcaica ciudad subterránea dificultan las investigaciones de los expertos. Aun así, se considera que los primeros en ahondar en la blanda roca fueron los Hititas quienes utilizaban los nichos excavados como áreas de almacenamiento. Otras fuentes consideran que los Frigios fueron los primeros en ocultarse bajo la tierra para escapar de las hordas asirias.
Lo que sí se sabe con certeza es que el esplendor de estas ciudades sobrevino durante la dominación romana. Los primeros cristianos emplearon estas construcciones subterráneas para escapar de sus perseguidores y emprender una vida libre acorde a sus creencias. De este modo, los cristianos se refugiaron en los túneles y galerías de esta ciudad hasta mediados del siglo XIV, cuando la relativa seguridad que ofrecía el gobierno otomano propició el abandono del fortín subterráneo.
Oculta durante centurias, la ciudad de Tatlarin fue descubierta en 1975, una década más tarde que las ciudades de Kaimakli y Derinkuyu. Tras años de investigación, en 1991 se abrieron al público dos niveles de la ciudad aunque se cree que la urbe se extiende varios kilómetros bajo tierra.
Tatlarin presenta algunas importantes diferencias con respecto a las otras ciudades subterráneas. En primer lugar, el colosal tamaño de los almacenes y las dependencias hacen pensar que la ciudad debía albergar una comunidad religiosa o militar. Además, la existencia de numerosas iglesias en el interior de Tatlarin refuerza la idea de que se tratara de una especie de monasterio.
En su interior se pueden encontrar todo tipo de dependencias: cocinas, despensas, refectorios, pozos, establos, zonas comunes e iglesias, interconectadas por un entramado de túneles que se aireaban mediante un complejo sistema de canalizaciones por las que fluía el aire. El acceso a la ciudad subterránea se encuentra al oeste de la entrada original que fue derruida. A través de un canal de unos 15 metros, se accede a una cámara comunal. La sala está protegida por un sistema defensivo consistente en una rueda de piedra con la que se taponaría la entrada a la ciudad en caso de incursión enemiga.
De entre las diversas estancias que pueden visitarse llaman la atención la cocina, que fue también empleada en un periodo anterior como cementerio, la mazmorra donde se encontraron tres esqueletos humanos y una letrina que sin duda arrancará una sonrisa a los viajeros.
Un incentivo de Tatlarin son las iglesias semiderruidas que esconde. Es verdaderamente inusual que los frescos que decoran dichos templos aun se puedan contemplar, ya que la humedad de las ciudades subterráneas suele eliminar los pigmentos de las pinturas rupestres.
Es posible visitar las dos iglesias del siglo XIII estructuradas en dos naves. La primera de ellas está ricamente decorada con coloridos frescos que representan a la Virgen María, al emperador Constantino, a Jesús de niño, la crucifixión y la transfiguración. La segunda iglesia no tiene frescos pero presenta un peculiar techo elevado poco común en la región de la Capadocia.
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