El cañon de Ihlara

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El cañon de Ihlara

El río Melendiz surcó durante siglos la dócil superficie del valle de Ihlara abriendo un cañón que llega a tener hasta 150 metros de profundidad en algunas zonas. Un remanso de paz que no pasó desapercibido para los primeros cristianos que hicieron de este ecosistema su propio hogar. La mezcla de las maravillas de la naturaleza con el trabajo de la mano del hombre hace que el cañón de Ihlara se convierta un enclave muy especial dentro de los parajes de la Capadocia.

Parques CapadociaEste cañón, delimitado por las poblaciones de Ihlara y Selime, serpentea a lo largo de 16 kilómetros a través del sendero que dejó tras de sí el viejo río Melendiz. El cañón de Ihlara se encuentra a 40 kilómetros al sudeste de la localidad de Askaray y es uno de los paisajes naturales más espléndidos de Capadocia. Un entorno rebosante de vida que invita a la tranquilidad y el sosiego.

La ubicación estratégica de este valle, unido a la riqueza y diversidad de especies vegetales y animales que lo pueblan, lo convierten en un lugar idóneo para esconderse y desarrollar una vida discreta. El Valle de Ihlara fue el refugio de una numerosa comunidad cristiana que aprovechó la discreción y la tranquilidad del valle para dedicarse la meditación. A lo largo y ancho del valle se pueden contabilizar centenares viviendas e iglesias. Una cifra importante para un valle de apenas 16 kilómetros de longitud.

Adentrarse en el cañón de Ihlara es un ejercicio de relajación. El leve mecer de los árboles y la melodía del agua que fluye por el arroyo producen un efecto calmante. Es comprensible que fuera el lugar elegido por los anacoretas para entregarse a una vida de meditación.

Historia del Cañón de Ihlara

La explicación de este cañón comienza en los periodos de mayor actividad volcánica, cuando los gigantes conos de fuego expulsaban lava y materiales piroclásticos, que anegaron la superficie de la Capadocia.  El paso de los siglos y los bruscos movimientos tectónicos rasgaron la corteza terrestre en esta región de Anatolia dejando al descubierto manantiales de aguas termales que comenzaron a recorrer la superficie del valle.

Todos los ingredientes que hemos mencionado cambiaron la morfología de esta región, sin embargo el verdadero responsable del aspecto del cañón es el río Melendiz, que antiguamente era conocido como Potamus Kapadukus, es decir río de Capadocia. La corriente de agua erosionó la superficie volcánica del valle hasta darle su aspecto actual.

Cañón de Ihlara, un refugió místico

Parques CapadociaLas posibilidades de este cañón son casi innumerables, desde rutas de trekking paralelas el arroyo hasta la visita a las decenas de iglesias que se esconden en las paredes del cañón. Cualquier actividad que tenga como escenario este fascinante cañón será del agrado de los viajeros.

Al margen de la belleza natural son importantes las huellas que los primeros cristianos dejaron en este valle. Diversas órdenes religiosas plasmaron en Ihlara su modo de entender la espiritualidad, protegidos por la fortaleza natural de las montañas.

Los monjes excavaron iglesias y viviendas en la roca que posteriormente fueron decoradas con coloridos frescos. El paso de los años ha determinado el estado de conservación de los frescos deteriorándolos pero aun son muchos los ejemplos de este arte rupestre que pueden verse en el valle de Ihlara. Se cuentan más de 100 templos a lo largo y ancho del cañón.

Entre las iglesias rupestres más importantes de este valle destacan los templos de  Egritas, Kökar, Pürenli Seki, Agaçalti, Sümbüllü, Yilanli, Karagedik, Kirk, Bahattin, Direkli y Ala. Todos ellos diseminados por el cañón con características tan particulares que merecen una mención aparte.

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