El valle de los Monjes

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Valle de los Monjes

Este valle próximo a la ciudad de Goreme esconde unas formidables formaciones rocosas en forma de hongo que se elevan varios metros por encima del suelo. Las chimeneas de hadas esculpidas por la erosión durante años fueron empleadas como viviendas por varios grupos de religiosos ermitaños, algunas de ellas se pueden visitar en la actualidad.

Parques CapadociaEste valle se encuentra a un kilómetro siguiendo el camino que conecta Göreme con Zelve, y en él se encuentran multitud de ejemplos de chimeneas de hadas que parecen sacadas de un manual de geología. Las formaciones rocosas se presentan en forma de hongo gigante, con un esbelto cuerpo de tufa coronado por una cabeza cónica de piedra más dura.

La explicación de estas formaciones es muy sencilla. La tufa es un material de origen volcánico muy sensible a los agentes de la erosión, mientras que la cabeza de estas columnas está hecha de basalto, un material duro y resistente que protege al cuerpo de tufa de las lluvias. La erosión esculpió este valle durante milenios manteniendo en pie las formaciones protegidas por el basalto y desgastando el resto de la superficie.

Un valle con varios nombres

En la actualidad, el este paraje se presenta a los turistas como Valle de los Monjes debido a los grupos de religiosos que habitaron este paisaje durante siglos. Según cuentan los ancianos, este valle fue el elegido por San Simeón para retirarse a una vida de meditación y penitencia.

El ejemplo de San Simeón atrajo a numerosos seguidores que se instalaron en el alto de las chimeneas de hadas para llevar una vida de recogimiento espiritual. A lo largo y ancho del valle se pueden encontrar numerosos restos de estas viviendas monacales a los que los viajeros pueden acceder a través de escaleras de madera y orificios esculpidos en la superficie de las rocas.

Los turcos mantienen el nombre cristiano del valle de los monjes de cara al turismo y en su lengua se conoce como Paşabağı. No obstante, la sociedad turca también denomina a este paisaje valle de la Viña del Pachá. El motivo de este nombre se debe a que, por una parte, el entorno está repleto de viñas, y por otra, a lo largo del siglo XIX, muchos generales compraron viviendas en esta zona de la Capadocia. Pacha viene a significar general.

Un valle de leyenda

Parques CapadociaEl valle de los Monjes se encuentra invadido de viñas que forman un verde tapiz del que sobresalen las chimeneas de hadas. Durante los años en los que religiosos anacoretas moraban estas tierras se elaboraba un vino que se hizo muy célebre. Tanto es así que surgió una leyenda en torno al vino:

Hace más años de los que la memoria recuerda, el valle estaba poblado por humanos y hadas. La convivencia fue perfecta durante siglos hasta que un sentimiento muy humano sembró la discordia: el amor. El príncipe de los hombres se había enamorado de un hada pero era una relación imposible porque no estaba permitido que hadas y hombres se casaran. El despecho condujo al odio, y el odio a la guerra. La sangre de hombres y hadas bañó el valle. Las hadas, conscientes de su escasa fortaleza, idearon una estratagema: se convertirían en piedra para engañar a los hombres. Así nacieron las chimeneas de hadas.

Las hadas convertidas en piedra desaparecieron del valle ante los ojos de los hombres pero en el corazón de las rocas aun se mantenían con vida. Allí fraguaron su venganza contra el hombre: se mezclarían con las uvas de los lagares para dar origen a un elixir que turbara la mente de los hombres; por eso el vino de esta región embriaga con rapidez.

San Simeón, el estilita

Parques CapadociaAunque no es del todo fehaciente, en Capadocia se dice que el valle de los monjes fue la morada de San Simeón, el santo inventor del cilicio. Este monje sintió la llamada de Dios en la adolescencia. Ingresó en un monasterio donde se castigaba mediante un espino alrededor de la cintura para templar el deseo. Cuando el abad descubrió este afán autodestructivo lo expulsó de la congregación para evitar que se extendieran sus hábitos de penitencia.

San Simeón vagó por el desierto cumpliendo duras pruebas de penitencia. Su modo de entender la religiosidad mediante la mortificación se propagó de boca en boca, divinizándole. En un tiempo donde las vidas ejemplares generaban proselitismo, la vida de San Simeón llamó la atención de multitud de seguidores.

San Simeón, cansado de las molestias mundanas, decidió escapar de sus seguidores yéndose a vivir en lo alto de una chimenea de hadas en Paşabağı. Pero los seguidores seguían accediendo a su morada con sus preguntas y sus dudas. San Simeón decidió acercarse más a Dios y se realojó en una chimenea de hadas de 15 metros donde permaneció durante treinta años hasta que la muerte le encontró orando.

Se cree que esta la morada de San Simeón es la chimenea de tres cabezas que se encuentra en este valle.

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