Hipodromo romano

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El hipodromo romano

En Sultanahmed, el distrito en el que se concentran la mayor parte de los tesoros de Estambul, tres columnas recuerdan la presencia de un fastuoso hipodromo romano. Fue corazón de la vida social romana durante el período Bizantino, por su arena desfilaron bailarines, aurigas, acróbatas y músicos con el propósito de divertir al vulgo, una costumbre que se prolongó durante más de mil años.

Monumentos EstambulEl hipódromo se levantó en el año 200 d.c. bajó la atenta supervisión del emperador Séptimo Severo pero su mayor esplendor llegaría en el primer tercio del siglo IV, cuando el emperador Constantino el Grande trasladó la capital del imperio de Roma a Constantinopla. Constantino se propuso ampliar Constantinopla manifestando un especial interés por el hipodromo que llegó a albergar a 30.000 espectadores aunque otras fuentes citan 60.000. A finales del siglo IV, el emperador Teodosio el Grande también engrandeció el hipodromo decorándolo con elementos traídos de los más diversos rincones del mundo.

Aunque en la actualidad sólo se conservan tres columnas, el hipódromo debió ser una estructura espectacular. Tenía la forma clásica de los circos romanos: una pista cerrada en forma de U dividida por la spina, un elemento levantado en el centro del hipodromo en el que se exhibían esculturas, columnas y otros elementos decorativos. En los laterales del hipódromo se encontraban las gradas destinadas al pueblo y el extremo oriental se levantaba el majestuoso palco del emperador.

El recinto albergaba el deporte más célebre de aquella época: las carreras de cisios, carreras de carros pequeños y manejables tirados por caballos que divertía a los ciudadanos y otorgaba gloria y fama a los aurigas campeones. Existían diversos equipos de corredores diferenciados por colores que competían con una feroz rivalidad, en ocasiones, teñida de matices políticos llegando a provocar violentas revueltas. Las apuestas eran una costumbre común entre los espectadores.

Las guerras, los saqueos y sobre todo el abandono de los otomanos, condenaron al hipódromo al olvido.

Los tres supervivientes

Bajo los jardines de Atmeydani se mantienen ocultos los restos del circo esperando ser rescatados algún día. En 1993, unas obras próximas a la Mezquita azul sacaron a la luz algunos asientos de las gradas que se conservan en varios museos de Estambul. Hoy, tres esculturas, que otrora formaron parte de la Spina, dan testimonio de la existencia del viejo hipodromo.

El obelisco de Teodosio

Monumentos EstambulSe trata del monumento más antiguo de todo Estambul, un monolito de sección cuadrada que presenta cuatro caras con relieves egipcios perfectamente conservados. Este coloso de granito rosa fue construido hace 3.500 año por orden del faraón Tutmosis III para conmemorar la victoria egipcia sobre las huestes de Mesopotamia. Durante siglos permaneció frente al Templo de Karnak, en Luxor, hasta que el emperador Teodosio mandó llevarlo a Constantinopla para emplazarlo en la spina del hipódromo en el 390 d.c.

Cuenta el saber popular que sobre el obelisco se construyó una mano de bronce con un don especial, establecía el valor de las mercancías. En una ocasión, cuenta la leyenda, se desplazó hasta la misteriosa mano un comerciante que llevaba un caballo de Anatolia al que le daba un valor de 10.000 monedas de plata. Cuando la mano de bronce valoró el precio del caballo en 40 monedas. El comerciante enfurecido por la decisión rompió la mano de bronce y fue condenado a pena de muerte. Unos días más tarde el caballo murió de inanición. Su cuero fue vendido por 40 monedas de plata.

La columna serpentina

Monumentos EstambulEsta columna de bronce formaba parte de un trofeo ofrecido al dios Apolo en Delfos. Conmemoraba la victoria del ejército griego sobre las tropas Persas en la batalla de Platea en el siglo V a.c. Tras la derrota de los griegos en la batalla de las Termópilas y el posterior saqueo de Atenas a manos de los persas en el contexto de las Guerras Médicas, los griegos consiguieron asestar un golpe definitivo a los persas en la planicie de Platea que se vieron obligados a replegarse ante la furia guerrera de los espartanos.

Como agradecimiento de esta victoria, los griegos construyeron un trípode compuesto por tres serpientes enroscadas que portaban un cuenco de oro. Por ese motivo ha recibido varias denominaciones a lo largo de su historia: Trípode de Platea y de Delfos.

Siglos más tarde Constantino el Grande mandó llevar esta ofrenda desde el tempo de Apolo en Delfos hasta Constantinopla para lucirla en el centro del hipodromo. Por aquel entonces el cuenco de oro ya había desaparecido pero se conservaban las tres cabezas de serpiente que fueron destruidas con el transcurso de los años. En la actualidad se conservan dos cabezas, una se encuentra en el Museo Británico y otra en el Museo arqueológico de Estambul.

La columna de Cantería

Se trata de un monolito de más de 30 metros de altura que presenta un acabado de piedras rústicas. Aunque no se conoce la fecha exacta de su construcción, se sabe que fue restaurada por Constantino Porfirogeneta. Se dice que la columna estaba cubierta por placas de bronce con diversos detalles de oro que fueron expoliadas y empleadas para acuñar monedas durante las cruzadas.

La fuente alemana

Se tata de un monumento posterior al hipodromo romano que se ubica actualmente en dicho emplazamiento. Un regalo diplomático del Kaiser Guillermo II al Sultán AbdulHamit en tiempos de la paz armada, a finales del siglo XIX. Se trata de una muestra de amistad entre ambos países, entregado al Sultán en muestra de la hospitalidad que había recibido el Kaiser durante su estancia en Estambul. El mismo Guillermo II supervisó la construcción de esta fuente octogonal abovedada de estilo neobizantino.

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