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Situada en la Plaza de la Independencia de Madrid, está influida por los arcos del triunfo romanos conmemorativos de grandes hechos y dirigentes, como es el caso del Arco de Tito por el que se rendía homenaje al emperador Tito. No obstante la Puerta de Alcala es mayor que los arcos del triunfo y frente a éstos, tiene tres arcos junto con dos puertas, una a cada lado.
De la misma forma, esta puerta madrileña es el hito de un momento histórico, siendo la conmemoración de la entrada del rey Carlos III en la ciudad de Madrid, en 1759.
Su consideración como uno de los monumentos Madrid más importantes, la ha llevado a ser testigo de momentos importantes dentro de la historia de España, así como protagonizar algunas anécdotas curiosas en las que fue protagonista:
Cuando en 1759 Carlos III entra en la ciudad de Madrid, decide derribar la antigua puerta y construir una nueva. Esta antigua puerta, también llamada de Alcalá en referencia a la dirección hacia la localidad de Alcalá de Henares, fue construida por Felipe III para conmemorar la entrada de su esposa Margarita de Austria en 1599. En su momento fue una de las puertas de entrada más importantes de la ciudad, procedente del real camino de Aragón y Cataluña. De estilo barroco, su diseño y material, el ladrillo, no gustó a Carlos III que la hace desaparecer en 1764.
La actual Puerta de Alcala se encontraba dentro del proyecto general del monarca para mejorar la ciudad, de forma que incluso se convirtió en el eje sobre el que girarían todas las nuevas construcciones del momento como el Paseo del Prado o las Fuentes de Cibeles y Neptuno.
Fue inaugurada en el año 1778, como una auténtica puerta a la ciudad, y no como monumento, lo que constituye en la actualidad, ya que en aquel año todavía existía la cerca que delimitaba la ciudad y los cinco vanos, tres arcos y dos puertas, disponían de verjas que eran cerradas por la noche.
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