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Desde el mirador de los Oudayas hay unas vistas espectaculares del litoral. Recorrer la muralla de la Kasbah Oudaya, aunque agotador, también merece la pena.
Y si vas a Rabat, no puede faltar el plato de cuscús, aquí receta 100% marroquí.
A través de los arcos del Palacio de la ciudad de Rabat. También me gusta la avenida arbolada que hay alrededor.
Marfil blanco y tejas verdes, un sitio enorme que ningún turista deja de visitar.
Un monumento que no tiene mucho encanto para mí, aunque contrasta con el terreno gris y tiene su gracia. En principio se pretendía que fuese la mezquita más alta del mundo.