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El Café Freedom está decorado con colores vivos y arquitectura minimalista. Sus tres plantas guardan esa estética y los clientes que entran aquí también.
Desde fuera, el café llama la atención. Su fachada azul, con una pared negra escrita con letras blancas y sus amplios ventanales, no pasa desapercibido. El día que fuimos nosotros había un grupo de teatro maquillándose en la tercera planta antes de su actuación.
La cometa vuela en todos los cielos de Asia. Desde China a Tailandia este pasatiempos se ha convertido en uno de los mayores entretenimientos entre los asiáticos. Para ellos, el reto no es moverla sin caerse, sino elevarlo hasta lo más alto.
Paseando por los alrededores del Gran Palacio dimos a parar a este lugar. Su aspecto no llama la atención a primera vista. Cuando vimos a unas cuantas personas volando sus cometas nos animamos a acercarnos. Las cometas volando con el Gran Palacio de fondo es una imagen de postal de Bangkok.
El interior del restaurante Fuji emula a una selva de bambú. Una decoración cuidada y limpia. Eso sí, el aire acondicionado lo tienen a tope!
Esta foto la hicimos el primer día que fuimos a cenar al Fuji. Estábamos en la calle y se puso a diluviar. Suerte que había un centro comercial cerca y entramos a resguardarnos. En su interior nos acordamos de la recomendación de unos parientes y nos pusimos a buscar el restaurante Fuji. Había hambre…
La fachada de un cine como éste nos muestra que en este lugar de Bangkok se concentra gran parte del arte de los jóvenes de la ciudad. Merece la pena caminar por los alrededores y observar lo diferente que es la juventud occidental y la tailandesa.
Una actividad muy frecuente en Siam Square es darse un masaje de peces en los pies. Pero lo más curioso de todo es que éste establecimiento en concreto lo ponían a modo de escaparate para que todo el mundo pudiese ver lo que se cocía dentro.
Patpong es una reliquia de lo que se puede ver en Pattaya, por lo que como consecuencia, también es una visita que se puede olvidar.
Este cartel es una muestra de lo turístico del lugar. Los hombres se acercan a este rincón de Bangkok en busca de sexo o falsificaciones. A pesar de lo conocido que es por todos, no merece la pena en absoluto.
Khao San por la noche se llena de mochileros que se acerca hasta aquí para beber en cualquiera de sus innumerables bares. Desde luego que no es el mejor lugar para inmiscuirse en la cultura tailandesa.
Desde Khao San salen muchos de los autobuses privados hacia cualquier ciudad del país. Las agencias de allí ofrecen muchos paquetes para los jóvenes que no exceden mucho el precio de si lo hiciesen por su cuenta.
Todos los elementos cambian de arquitectura. No sólo los templos o caracteres, sino también sus cabinas de teléfono así como los puestos de comida que venden los productos originales chinos.
Los carteles de neón, la aglomeración incesante de gente y el ruido de cada esquina hace de esta zona de Bangkok un lugar esquizofrenico. Cuando conoces la verdades china, aquella que está dentro de sus fronteras, te das cuenta de que la realidad no es tan exagerada y claustrofóbica.
En el Mercado de Amuletos encontrarás muy pocos turistas comprando algo pero aún es menos probable toparte con ellos en los puestos que están en la galería que lleva al muelle Chan, allí hay muy pocos compradores incluso locales.
Los amuletos de los pequeños Budas son el producto estrella. Para un entendido es fácil diferenciar uno valioso y caro de otro que no lo es. Para un occidental es imposible.
