Siguiendo el rastro del mito por La Habana
Ernest Hemingway es uno de los grandes mitos de la literatura mundial. Sus obras, su actitud y su posicionamiento ante la vida, han pasado a la historia, convirtiendo su recuerdo en parte del imaginario colectivo.
El visceral escritor estadounidense residió en La Habana la mayor parte de los años 40 y 50 del siglo pasado. Esa vida, pegada al mar y a los bares, quedó magníficamente reflejada en sus novelas como El viejo y el mar. De entre todos los cócteles que se pueden probar en Cuba, Hemingway tenía dos preferidos, demostrando sus preferencias cada noche.
Estos son el mojito de La Bodeguita del Medio y el daiquiri de La Floridita. Dicen las malas lenguas que el escritor podía llegar a beber quince de ellos en una noche y abandonar el local por su propio pie.
Ambos locales existían mucho antes de que Hemingway se hiciera un habitual en la isla y han sobrevivido a su muerte, pero no se puede negar que los dos han quedado marcados por su magnética presencia. Los visitantes buscan sus fotos en la pared, quieren beber lo que él bebía y degustar los mismo platos que saciaron su estómago, como las especialidades criollas o el lechón asado.
Después, con la barriga llena, acuden, cargados con sus cámaras fotográficas, en peregrinación hasta La Vigía, la casa de Hemingway, unos quince kilómetros a las afueras de La Habana. Distancia que no le impedía volver, casi cada noche, a sus locales predilectos para saborear sus licores y su cocina.
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31 Octubre, 2009 a las 13:07 #LiveShar
Siempre y cuando con la barriga llena